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Caso Abierto - Diario de Mallorca

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Entrevista con Jean Camy

Un superviviente de 'El caníbal de los Pirineos': "Gritaba que iba a matarme"

Jean Camy, un agricultor de Nouilhan, sufrió un ataque con una barra de hierro del soldado veterano, que acababa de asesinar a un anciano de 90 años en la localidad

Jean Camy sostiene la barra con la que fue atacado por Jérémy Rimbaud en Nouilhan. Guillem Sánchez

La vida de Jean Camy cambió violentamente el 14 de noviembre de 2013, cuando se cruzó en su camino Jérémy Rimbaud, ‘El caníbal de los Pirineos’. Camy, un campesino de 42 años, acudió esa tarde a vaciar su remolque de maíz a un silo del municipio de Nouilhan, al sur de Francia. Rimbaud, que llevaba varios días sin comer y sin dormir, y sufría un delirio engendrado en su traumático pasado como soldado francés en la guerra de Afganistán, acababa de asesinar a Léopold Pédèbidau, un anciano de 90 años, y quería seguir matando. Camy, que solo un instante antes solo tenía en la cabeza que la jornada laboral se acercaba a su fin tras descargar en el depósito de grano, se vio inmerso de repente en una lucha a muerte con un joven a quien no había visto nunca. 

“No vi de dónde salió”, comienza a relatar su pelea para EL PERIÓDICO, diario que pertenece a este grupo, Prensa Ibérica, junto al tractor que conducía ese día. “Pero subió a la cabina y me puso una barra de hierro –la misma con la que había atacado hora antes a Pédèbidau– a escasos centímetros de la cara. Yo cogí la barra con la mano para detenerlo y él me tiró del tractor”, prosigue. Lo que sucedió a continuación, sigue inquietando al campesino. “Pude sacarle la barra y golpearlo con mucha fuerza en el costado. Pero Rimbaud no se movió ni un milímetro”. El joven que tenía enfrente no era ni muy alto ni muy corpulento pero no acusó la violencia del porrazo. “Me di cuenta de que estaba completamente loco. Repetía una y otra vez: te voy a matar, te voy a matar, te voy a matar”. 

Con una escopeta

La pelea continuó y la barra volvió a manos de Rimbaud, que acabó golpeando sin piedad la espalda de Camy, muy cerca del cuello. También fue más o menos entonces cuando el campesino cuenta que el veterano de guerra decidió marcharse a buscar otro arma. Ese espacio de tiempo bastó para que algunos vecinos acudieran a asistir a Camy y a alertar a los bomberos, que en Francia suman a su tarea algunas competencias en seguridad ciudadana, y los funcionarios pudieron arrestar a Rimbaud cuando este regresó al silo, con una escopeta y cinco cartuchos que había encontrado en otra casa.

Al día siguiente, una periodista de la televisión contó a Camy que Rimbaud, antes de atacarlo a él, había matado a Pédèbidau. También supo por la prensa que Rimbaud, encerrado en su aterradora fantasía, se había comido un trozo de la lengua del anciano y una parte de su corazón después de cocinarlos. El episodio le valió al soldado el apodo de ‘El caníbal de los Pirineos’ o, para infortunio del pueblo, el de ‘El caníbal de Nouilhan’. 

Promesa de vigilarle

Camy fue tratado de la lesión que le causó Rimbaud por médicos de diversas ciudades. “Todos coinciden en que aquel golpe pudo haberlo dejado paralítico, o incluso pudo matarlo”. Un tribunal lo declaró no apto para seguir con la faena de mécanico de bicicletas que simultaneaba con el campo en 2013 y tiene reconocida una invalidez del 40%. 

La justicia francesa declaró a Rimbaud no responsable penalmente de sus actos debido a su trastorno mental, pero se comprometió a vigilarlo de cerca y a informar a Camy de cualquier traslado de centro que sufriera Rimbaud. Sin embargo, nadie avisó a Camy de que el veterano de guerra fue derivado al hospital psiquiátrico de Toulouse, donde prevalece un régimen mucho más abierto que su destino anterior, una relajación de las medidas de control que este aprovechó para volver a atacar, esta vez a una mujer de 73 años. “No se escapó del hospital, porque no estaba vigilado. Salió por la puerta sin que nadie se lo impidiera”, subraya. El campesino, que guarda la barra de hierro con la que fue golpeado y que desde entonces mira a izquierda y derecha antes de hacer cualquier cosa para asegurarse de que no haya nadie agazapado para atacarlo como hizo Rimbaud, se siente desprotegido por la justicia francesa.

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