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Caso Abierto - Diario de Mallorca

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¿Por qué tenemos comportamientos incívicos?

El mayor Miquel Quetglas, de la Policía Local de Palma, trata de convencer a infractores de la necesidad de cumplir las normas

Un grupo de ciudadanos sancionados asiste a la charla de concienciación a cambio de ver anulada su multa. | B. RAMÓN

«¿Por qué nos saltamos las normas de convivencia? ¿Porque las consideramos injustas? ¿Porque creemos que no van con nosotros? Lo cierto es que cuando vulneramos unas normas afectamos al derecho de otros ciudadanos a que no les molesten, por ejemplo, con unos perros sueltos». El mayor de la Policía Local de Palma Miquel Quetglas se hace la pregunta en voz alta y se contesta. Delante suyo tiene a siete ciudadanos que han sido sancionados por vulnerar la ordenanza municipal de animales (sobre todo por dejar a sus perros sueltos en distintos parques de la ciudad) y que verán condonadas las multas de hasta 420 euros a cambio de asistir a este curso de concienciación.

La charla tuvo lugar la pasada semana en una de las aulas del cuartel de la Policía Local de Sant Ferran. Acuden siete ciudadanos con un perfil diverso, hombres y mujeres de entre veinte y cincuenta años y un único nexo común: todos ellos han sido sancionados por incumplir la ordenanza municipal de animales.

«La Policía me pilló con la perra suelta en el Parc de ses Estacions. Es una pitbull. Me pusieron una multa de 120 euros». El relato del resto es similar. En la mayoría de los casos fueron sancionados por llevar suelta su mascota en distintos lugares de Palma. Hay varios propietarios de pitbull, otros tienen golden retriever o labradores, y un par paseaban perros pequeños. Se quejan de que Palma no dispone de suficientes espacios de convivencia canina donde los animales puedan correr.

Todos ellos se han acogido a la oportunidad de ver perdonada la multa a cambio de asistir a uno de los cursos que cada mes organiza la Policía Local, a cargo del mayor Miquel Quetglas y de un técnico de Emaya.

El mayor Miquel Quetglas, durante la charla. | B. RAMON

En su charla, el mayor Quetglas trata de diseccionar las causas que nos llevan a infringir las normas de convivencia. Explica la importancia de la conducta imitativa, tanto en su aspecto positivo como negativo. «Si ves que lo hace tu vecino y no le pasa nada, ¿por qué no lo vas a hacer tú?», se pregunta. De ahí la importancia del reproche social. Quetglas hace hincapié en las consecuencias que puede tener una acción aparentemente intrascendente. «¿Qué pasa si mi perro suelto muerde a alguien, o si se escapa y tira al suelo a una persona mayor, o cruza la calle y provoca un accidente de tráfico?».

Y frente a estas conductas aparece el reproche, que puede ser individual, familiar o social. ¿Y cuándo este último es efectivo? «Cuando la sanción es certera, cuando la gente sabe que te va a llegar», explica Quetglas. El mayor de la Policía incide que la normativa busca el bienestar del animal. «No puedo tener un perro de cualquier manera, debe tener unas condiciones higiénicas óptimas, ausencia de riesgos sanitarios y no molestar a los vecinos. No podemos tener cuarenta gatos en una casa, como nos hemos encontrado alguna vez».

Y aquí incide en la norma: «No podemos llevar animales sueltos. Somos responsables civiles de lo que haga nuestro perro. Por muy bien educado que esté, la normativa lo prohíbe. De igual manera que está prohibido bañar a los perros en piscinas, públicas o comunitarias, ni en las playas salvo las autorizadas expresamente, como la de es Carnatge».

El mayor recuerda también que los propietarios deben llevar la documentación del animal cuando lo saquen y que es conveniente tenerlo asegurado, «porque los dueños son los responsables de los daños que causen».

Al finalizar la charla formativa varios de los asistentes coincidieron en que había sido muy interesante y que estaban satisfechos, pero no habían quedado convencidos. «Soltar al perro no es un capricho, es una necesidad para el animal, y yo muchas veces no puedo desplazarme hasta uno de los parques de convivencia canina que hay en Palma. Me temo que me tendré que volver a arriesgar a que me multen, porque soy incapaz de dejar a mi perra sin correr», comentaba un joven.

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