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Cuatro años y medio de cárcel por atracar cinco farmacias en una semana en Palma

El acusado, un joven de 23 años que estaba en ERTE, asaltó las boticas en La Vileta y Son Rapinya armado con un cuchillo jamonero a finales de octubre de 2020

El atracador, durante uno de los robos que cometió a punta de cuchillo en octubre pasado.

Un joven fue condenado ayer a cuatro años y medio de cárcel por cometer cinco atracos en farmacias de La Vileta y Son Rapinya en una semana. Armado con un cuchillo jamonero y con el rostro oculto por la mascarilla y una gorra, intimidaba a los empleados para que le dieran dinero y tranquilizantes. Consiguió hacerse con un botín de 446 euros y unas cajas de medicamentos. Tras su último atraco, fue perseguido e interceptado por la Policía Nacional y desde entonces está preso. El joven, socorrista de profesión, estaba en ERTE y vivía con su abuela cerca de los lugares donde cometió los asaltos. Ayer ante la jueza deslizó que tenía con las drogas.

El acusado reconoció los hechos durante el juicio celebrado en un juzgado de lo penal de Palma. Inicialmente, la fiscalía solicitaba para él 25 años de cárcel por cinco delitos de robo con intimidación y la agravante de disfraz. Pero la acusación rebajó su petición tras alcanzar un acuerdo de conformidad con el abogado defensor. Se apreció la atenuante de reparación del daño, ya que había consignado el dinero para indemnizar a sus víctimas. Además de los cuatro años y medio de cárcel, aceptó una orden de alejamiento que le prohíbe acercarse a menos de 500 metros de las farmacias que atracó.

La vertiginosa carrera delictiva del joven, que no tenía antecedentes hasta ahora, comenzó el 24 de octubre de 2020 a las nueve de la mañana. Entró en una farmacia situada en la calle del Comte y se acercó a las dos empleadas blandiendo el cuchillo, de unos 30 centímetros de hoja. Les exigió dinero y dos cajas de Trankimazin, un potente ansiolítico. Atemorizadas, las víctimas le entregaron 108 euros.

El joven condenado, ayer durante el juicio. | M.O.I.

Dos días más tarde, a las ocho de la mañana, irrumpió en una farmacia en el Camí dels Reis. El negocio estaba todavía cerrado al público y el delincuente se coló por una puerta lateral de mercancías. Amenazó con el arma a la dueña y logró llevarse 50 euros.

El 27 de octubre actuó dos veces en apenas 20 minutos. Primero, en una botica de la calle Bartomeu Martorell. Esta vez, además de la gorra, la capucha y la mascarilla, se puso un guante en la mano para que sus tatuajes no lo delataran. Amedrentó al empleado, exigiéndole dinero y una caja de Almax (un fármaco para la acidez estomacal) y se apoderó de 20 euros. De allí se fue a la farmacia de la calle Comte donde había cometido su primer atraco. Se topó con las mismas empleadas que la otra vez. «Ya sabéis lo que hay que hacer. No quiero hacer daño. Hoy si me vais a dar las pastillas», les dijo. Se marchó con 188 euros u dos cajas de ansiolíticos.

El último asalto lo cometió el 31 de octubre. A las once de la mañana, entró en una farmacia de la calle Oblates y, esgrimiendo el cuchillo, tiró una bolsa de plástico sobre el mostrador. «Dame todo el dinero», le espetó a la empleada. Los 80 euros que consiguió robar esta vez le duraron poco. Cuatro policías fueron tras él y consiguieron darle alcance en cuestión de segundos. El juez de guardia decretó al día siguiente su ingreso en prisión.

La jueza que ayer lo condenó le recomendó que enderece su vida. «Aproveche la oportunidad y no vuelva a meterse en estos líos», le dijo al concluir el juicio.

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