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Entrevista

Javi Martín: "Hay que hablar más del suicidio porque salva vidas"

El actor y presentador relata en un libro su experiencia con el trastorno bipolar que padece desde hace una década

El actor y presentador Javi Martín JUAN CARLOS ROJAS

Alegre, vital, empático, bromista… En persona, cuesta distinguir al Javi Martín de hoy, de 50 años, del travieso reportero que no paraba de liarla en Caiga Quien Caiga (en Telecinco entre 1996 y 2002), ni del actor de teatro que desde entonces ha representado infinidad de funciones. Sin embargo, entre ambos se ha colado el trastorno bipolar con el que lleva batallando desde hace una década. Otros en su lugar habría optado por ocultarlo. Él ha preferido contarlo en un libro, 'Bipolar y a mucha honra' (Espasa), donde habla a calzón quitado y con mucho humor de una enfermedad que le ha llevado en dos ocasiones a intentar quitarse la vida.

Nochebuena de 2011. ¿Qué pasó ese día?

En aquella época atravesaba una de las etapas más felices de mi vida. Todo iba bien: el trabajo, mi pareja, mi familia… Pero ese día, de repente, empecé a sentirme mal, con una sensación que no había tenido antes. Literalmente, me explotó la cabeza y sentí que me moría. Recuerdo que lo dije así: ¡me muero! Y a continuación pasé a otra realidad.

¿Otra realidad?

Cuando estás en la fase maníaca de la bipolaridad entras en un estado de alucinación que te hace sentir cosas irreales. Yo he llegado a hablar con espíritus, con amigos muertos, con plantas, con animales… Estás como en otra dimensión. Para el que lo vive es muy divertido, como si estuvieras bajo los efectos de la mejor droga del mundo, pero quienes están alrededor sufren mucho, porque estás descontrolado, vas sin filtro y puedes hacer auténticos disparates. Sé de gente que ha llegado a vender su casa en pleno brote maníaco. Las dos veces que me ingresaron me encontraba en ese estado.

"En la fase maníaca de la bipolaridad, he llegado a hablar con espíritus, con amigos muertos, con plantas, con animales…"

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¿Cómo lo recuerda?

Entré al psiquiátrico como unas castañuelas, eufórico, hablaba con todo el mundo, pero hacía cosas sin sentido, como tirarme botellas de agua por encima de la cabeza. Me sentía tan bien que no entendía por qué me encerraban. El día que me dieron el diagnóstico tampoco comprendí la dimensión de esa palabra. Cuando estás de subidón, que te digan que eres bipolar te la trae floja. Pasa algo parecido cuando estás en la fase depresiva. Te sientes tan mal, tan hundido, que saber que eso forma parte de la bipolaridad y que se pasará, no te libra del dolor.

¿Cómo es esa otra cara de la enfermedad?

Terrible. Ves la vida a través de unas gafas negras y sientes miedo a todo. Al futuro, a perder tus seres queridos, a quedarte sin trabajo… No te reconoces. Cuando estás en ese pozo, lo peor es la sensación de que vas a estar así siempre, que no tienes solución. El dolor es tan insoportable que puedes llegar a plantearte quitarte la vida, como hice yo en dos ocasiones.

Sorprende la transparencia con la que habla de algo tan delicado.

Lo hago para ayudar a quienes están viviendo lo que yo he vivido y porque quiero liberar a los problemas de salud mental del estigma que los persigue. Si te dicen que has de ingresar en un hospital para operarte del hígado no pasa nada, pero te nombran un psiquiátrico y te pones en guardia. ¿Por qué? Hoy sabemos que una de cada cuatro personas padecerá trastornos mentales en algún momento de su vida. Es hora de desdramatizar algo que está tan presente, pero que no queremos ver.

No sé si alguien dejará de llamarme para trabajar por anunciar que soy bipolar, pero este trastorno forma parte de mí, me va a acompañar toda la vida y he decidido llevar esa etiqueta con orgullo

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A día de hoy, el estigma persiste. ¿Valora las consecuencias personales de su salida del armario del trastorno mental?

No sé si alguien dejará de llamarme para trabajar por anunciar que soy bipolar, pero este trastorno forma parte de mí, me va a acompañar toda la vida y he decidido llevar esa etiqueta con orgullo. Hoy me interesa más ayudar que quejarme. Por eso he escrito este libro y hago teatro con personas con problemas mentales y doy charlas sobre salud mental en empresas y colegios.

Hasta ahora, hablar del suicidio era tabú. Se decía que abordarlo en los medios fomentaba los intentos de quitarse la vida. ¿Qué opina?

Hoy hay muchos estudios que prueban lo contrario, y mi experiencia lo confirma. Hay que hablar más del suicidio porque hacerlo ayuda a salvar vidas. Cada año se quitan la vida casi 4.000 personas y hay 200 que lo intenta a diario. No demos la espalda a esta realidad, hablemos de ella y ofrezcamos herramientas a la gente para afrontarla.

Usted ha pasado por ahí. ¿Qué le diría a un suicida que está a punto de matarse?

Lo primero es escucharle, mucho, con atención, y hacerle sentir que no está solo. No intentes solucionar en ese momento el lío que tiene en la cabeza ni discutir los motivos que le han llevado a desear la muerte. Haz que se sienta acompañado y transmítele la seguridad de que esa sensación tan amarga que tiene va a desaparecer. Porque desaparece, lo sé por experiencia, pero con ayuda. Y esa ayuda la dan los profesionales de la psicología y la psiquiatría.

"En los peores momentos he llegado a gastarme 600 euros mensuales en visitas a la terapeuta y al psiquiatra, ambos privados. ¿Quién puede pagar ese dinero?"

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Hoy se habla de salud mental más que en el pasado. ¿Cómo ve ese cambio?

Ya era hora, pero ahora toca pasar de las palabras a los hechos. Faltan miles de psicólogos en la sanidad pública, más inversión en salud mental y un verdadero plan nacional de prevención al suicidio. Porque todo eso evita sufrimiento y muertes. A mí, mi psicóloga me salvó la vida. Como suena. Pero es que yo, en los peores momentos, he llegado a gastarme 600 euros mensuales en visitas a la terapeuta y al psiquiatra, ambos privados. ¿Quién puede pagar ese dinero? Si te rompes tres costillas en un accidente, te operan en el día, pero si estás tan deprimido que deseas suicidarte, te dan cita para dentro de tres meses. ¿Alguien entiende esto?

A todo esto, ¿Cómo se encuentra?

Bien. Llevo varios años sin sufrir episodios de depresión y a veces tengo momentos maníacos leves que atajo rápidamente con tratamiento y terapia. Al final, este trastorno me ha cambiado la vida para bien porque hoy me cuido más que nunca. Físicamente, pero sobre todo de mente. He aprendido a evitar los pensamientos negativos y a las personas tóxicas. Y lo más importante: he entendido que la vida no va de conseguir fama, dinero y lujos, sino de disfrutar de un rato de charla con mi madre o un paseo de la mano de mi marido. Esas cosas que te dicen y que solo ves claro cuando has conocido la oscuridad más negra.

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