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Vuelta a la rutina

Abrasados por el móvil: la locura de vivir bajo el bombardeo de mails, 'whatsapps' y redes sociales

Neurólogos y psicólogos alertan de que el carrusel de notificaciones que recibimos tiene efectos sobre nuestros cerebros y vidas

Tres personas miran sus teléfonos móviles en una calle de Madrid. David Castro

Tras las vacaciones de verano, la vuelta a la rutina diaria de los adultos implica un bombardeo digital. El teléfono, la tableta y el ordenador son ya una extensión de nuestras manos. Los Whatsapp de la familia, los del cole, los 'emails' de los jefes, los de los compañeros, las llamadas de clientes, el GPS para saber ir a un lugar concreto, las compras 'online', los vídeos cortos de las redes sociales, las alertas, las notificaciones… Y así 24 horas al día, los siete días de la semana.

Un informe de la consultora Kantar cifra en 1.602 el número medio de correos electrónicos sin leer que acumulamos, y en 47 los mensajes de Whatsapp vistos y sin responder. Psicólogos y neurólogos lanzan una alerta: el cañoneo de estímulos implica tener el motor del cerebro siempre encendido, lo cual conlleva serias consecuencias sobre la salud mental y física.

"La hiperconectividad es el gran agujero negro por donde se escapa nuestro tiempo y nuestra salud”, afirma la psicóloga Gabriela Paoli

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Habrá quien alegue que no es para tanto y que solo ha cambiado el soporte. Antes trabajábamos más con papeles y teléfonos fijos, y ahora, con móviles y ordenadores. Error. “Ni el papel ni el teléfono fijo fueron fabricados por 150 ingenieros de Silicon Valley para enganchar al usuario con dispositivos y plataformas que tienen detrás unos intereses económicos brutales”, advierte Diego Hidalgo, autor de 'Anestesiados. La humanidad bajo el imperio de la tecnología'.

La tecnología nos acerca al mundo y nos permite hacer cosas maravillosas, pero la hiperconectividad es “el gran agujero negro por donde se escapa nuestro tiempo y nuestra salud”, afirma Gabriela Paoli, psicóloga especializada en adicciones digitales y autora del ensayo 'Salud digital'. Acostumbrada a ver en consulta a pacientes angustiados porque el día, para ellos, no tiene suficientes horas, Paoli destaca que sobreestimular el cerebro no sale gratis. La ansiedad, el estrés y los trastornos del sueño implican un desgaste mental que hace que nuestra atención se disperse. Consecuencia: baja la productividad y la motivación.

Falta de sueño

Dormir es un pilar fundamental del bienestar humano, junto con la alimentación saludable y la actividad física. No dormir las suficientes horas (una media entre siete y nueve horas en los adultos) afecta a todos los órganos: destroza el sistema inmunitario, altera los niveles de azúcar en sangre, bloquea las arterias coronarias y daña la concentración. Muchos científicos, como Matthew Walker, autor de 'Por qué dormimos’, están presionando a los médicos para que receten a sus pacientes dormir, que no tiene nada que ver con recetar pastillas para dormir.

“El descanso es productivo”, concluye Paoli, que recuerda que las aplicaciones digitales más usadas son igual de nocivas para la salud que los aperitivos salados: son adictivos y no nos aportan nutrientes. “La tecnología está diseñada para atraparnos y captar nuestra atención”, concluye la experta.

"Vivir pegados a las pantallas provoca déficit de atención, empobrecimiento del lenguaje, trastornos del sueño y pérdida de habilidades sociales"

Antonio Parralo - Neurólogo

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La comunidad científica ha demostrado que la sobreexposición digital es perjudicial para el cerebro y para el desarrollo del cerebro. El neurólogo Antonio Parralo explica que afecta a los circuitos cerebrales, tanto los de recompensa (dopamina) como los del sueño (melatonina) y enumera la lista de consecuencias negativas: déficit de atención, empobrecimiento del lenguaje, trastornos del sueño y pérdida de habilidades sociales. La psicóloga Paoli añade que vivir pegados a las pantallas tanto por trabajo como por vida social “debilita la conexión emocional entre las personas”.

La multitarea (la presunta capacidad humana para realizar varias actividades) está muy valorada en el mundo laboral. Pero es mentira. “Somos capaces, sí, pero acarrera un enorme desgaste mental”, sentencia la psicóloga. De hecho, la atención -la capacidad para mantener la actividad que se está realizando en ese momento, ya sea personal o laboral- es ahora tan difícil de conseguir que se considera el nuevo coeficiente intelectual, en palabras del pedagogo Gregorio Luri. Se trata de una destreza con la que ser humano no nace sino que la tiene que entrenar. El maestro y divulgador recuerda que el teléfono móvil dispersa la atención, al contrario de lo que sucede al leer un libro.

“Dedicar muchas horas a varios estímulos hace que tengamos un foco de atención demasiado grande. En consecuencia, la atención no se desarrolla correctamente”, añade el neurólogo Parralo, que compara la exposición continua a las pantallas a las drogas. La diferencia es que la adicción a las pantallas está mucho más extendida, es menos visible y está mucho más aceptada socialmente.

"La sobreexposición digital implica una transformación económica, política y social. El imperativo de la productividad neoliberal nos lleva a autoexplotarnos hasta el límite"

Eudald Espluga - Ensayista y filósofo

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Un problema colectivo

Limitar las horas de conexión y ser consciente del problema es la primera receta que mandan los neurólogos y los psicólogos. Sin embargo, se queda corta. Más allá de lo que haga cada persona con sus dispositivos (hay 'valientes' que no tienen Whatsapp o que desconectan sus móviles cuando entran al teatro o al cine), no estamos ante un problema personal sino colectivo.

“La sobreexposición digital implica una transformación económica, política y social. El imperativo de la productividad neoliberal nos lleva a autoexplotarnos hasta el límite. La hiperconectividad es una realidad material que condiciona nuestra existencia”, subraya el filósofo y ensayista Eudald Espluga, que pide no considerar la sobreexposición a la tecnología como un asunto individual.

“Puede que tú limites tu tiempo de conexión 'online', o puede que no compres nada en plataformas o en supermercados rápidos. Sin embargo, igualmente vives en una época con aceleración social. A nivel personal, puedes intentar hacer un retiro sin wifi o abandonar el móvil durante un rato. Pero no hablamos de eso. Hablamos de una estructura política y económica. Precisamente, lo que necesitamos es politizar el problema para que existan regulaciones”, insiste el autor de 'No seas tú mismo: Apuntes sobre una generación fatigada'.

Cada vez más invasiva, la tecnología digital -mejor dicho, su abuso- es "una de las mayores amenazas a la libertad humana", concluye Hidalgo. ¿Una afirmación exagerada? No tanto si pensamos que el mundo 'online' está tomando el control de la humanidad: “Toma el control de cosas que definen lo que somos: nuestro tiempo, nuestra atención y nuestras decisiones”.

Pérdida de destrezas

Diego Hildalgo propone un ejemplo cotidiano para demostrar el abuso de pantallas no sale gratis al ser humano. “Imagina que has quedado con un amigo en la calle, pero no os encontráis. Tú puedes enviar por Whatsapp tu ubicación. Algo muy útil, ¿verdad? Sí, pero deberías caer en la cuenta de lo que dejas de hacer: recrear la ciudad en tu mente para desarrollar tu capacidad de orientación e indicarle a tu amigo qué calles debe coger”.


Cada vez delegamos más en la tecnología, así que “desaprendemos facultades”, como la memoria y la orientación, y nos convertimos en seres más dependientes. “Google ofrece soluciones totales. Ya no miramos a qué hora abren el zoo de nuestra ciudad, ahora directamente preguntamos qué podemos hacer con nuestros hijos el fin de semana”, concluye Hidalgo.

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