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Diario de Mallorca

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Videncia

La verdad del negocio del tarot: ni velas negras ni bola de cristal

Dos videntes de València nos ‘leen el futuro’ -y el pasado- y comprobamos los trucos que utilizan para ganar la fe de su clientela

La verdad del negocio del tarot.

La consulta está en un bajo de un barrio obrero de València. Es un local recién habilitado, de unos 50 metros cuadrados, de paredes color verde oliva. A la derecha hay un mostrador, donde un tipo alto y musculado, con unos triángulos tatuados en el cuello, se descuelga los auriculares para saludar. Junto a la pared del fondo hay una mesa redonda con dos sillas, donde la tarotista invita al cliente a tomar asiento. Sobre la mesa, ni velas negras ni bola de cristal, lo que provoca que la baraja de cartas del tarot destaque solitaria con cierta solemnidad. El móvil de la futuróloga recibe una llamada antes de empezar la sesión. "Cariño, coge tú las citas, por favor", le pide al chico, que resultará ser su pareja, mientras le invita a atender el teléfono. Nos cuenta que tiene la agenda llena hasta el lunes. Que no da abasto ante tanta clientela ávida de conocer su destino. Su destino, porque esto va de asuntos personales. "Vas a ver como ella es muy buena. Lo acierta todo", nos avisa su pareja. A la vidente y a su colaborador no nos hemos presentado como periodista, para no alterar la supuesta magia que viene. Sí lo hemos hecho como un tipo escéptico y neófito en este asunto que quiere saber "cosas" de su vida. De su vida y algo más.

La echadora de cartas pide el nombre y apellidos y lo apunta en una libreta. Dice que es necesario por una cuestión de ‘energía’, aunque suena sospechoso. Al terminar la sesión, podrá averiguar datos en internet con solo indagar en nuestros perfiles de las redes sociales. El cliente se siente un bicho raro, pero no lo es. Según una encuesta de Metroscopia de 2011, uno de cada cinco españoles dan crédito a la videncia, el tarot y el curanderismo y pseudociencias similares. A José Miguel Mulet, divulgador científico valenciano, estos datos no le impresionan. "La necesidad de buscar respuestas mágicas es tan vieja como el hombre. Mientras la religión te proporciona una ‘vida más fácil’, la videncia consiste en pagar para que alguien te diga lo que tienes que hacer. Pero la astrología no tiene ninguna base científica, absolutamente ninguna", asegura.

Empieza la sesión. La vidente baraja las cartas mientras lanza preguntas genéricas al aire sobre el cliente, como "¿qué energías tiene José Manuel? ¿qué le está pasando?". Invita a cortar después de que hayan caído de su manos -aparentemente-‑varias cartas sobre la mesa. «"Aquí dice que tienes que elegir. Que estás entre la espada y la pared, que alguien te ha fallado. Creo que es en algún asunto relacionado con un negocio, o con el trabajo". No lo negamos a la espera de más información, suficiente para que se venga arriba a las primeras de cambio. "Vamos bien, ¡eh! Yo es que lo tengo de nacimiento, de mi bisabuela, que era bruja de un pueblo de Granada. Tengo su caldero que conservo en mi casa. Tengo un don. Yo no te he preguntado nada, pero si me equivoco me lo dices para que nos entendamos", se explaya. "Veo una estafa", añade. Uno piensa si es una broma. ¿Estafa? "Puede ser un engaño. Algo con lo que soñabas y no se cumple", responde para coger de nuevo las riendas de la conversación. - "¿Tienes algún juicio?". - "No". - "Bueno, pues tienes que tramitar papeles. Ya verás. Me sale la carta de la herencia. Has recibido una herencia o vas a recibir una, ¿verdad?", añade, como si eso fuese una afirmación sorprendente para una persona de 5 2 años. Hemos pillado el mecanismo: si decimos que "no", entonces habrá otra respuesta preparada tipo "pero te llegará una herencia algún día". Así, el acierto está asegurado. Sobre el engaño que vaticina no hay datos concretos. Cuando el cliente le insiste, dice que hay un hombre en la familia que le traicionará. El reportero tiene dos hermanas. No sabe a quién puede referirse.

La sesión continúa con otro corte de baraja y más cartas que vuelan sobre la mesa. Y con sorpresas inquietantes. "Yo sé que tú no crees en esto y todo lo que tú quieras, pero a ti o te han tirado un mal de ojo o una mujer con la que estuviste te hizo un ‘amarre’, porque te veo bloqueos en el amor". La supuesta nieta de la bruja justifica su afirmación con la combinación de dos cartas, la suma sacerdotisa (uno de los arcanos mayores de la baraja) y un 9 de bastos que, según ella, significa "la negatividad relacionada con el pasado". Vemos que no se trata de tan solo ‘leer’ las cartas, sino de interpretarlas. De dar sentido a la combinación de naipes que se muestran boca arriba. Continúa. "No estás casado, ¿verdad?". Primer error objetivo. "Pero no estás bien, ¿a qué no? Veo que faltan cosas". Empieza una disertación de tópicos sobre orientaciones de pareja que no lleva a ningún sitio. Psicología barata, piensa uno. Supercherías. Pura charlatanería. De repente, un dato concreto: "Aquel amarre te lo hicieron hace 21 años. Me sale en las cartas".

Lectura en frío

Observaciones de la pitonisa como la del matrimonio (el cliente no lleva anillo de casado) tienen un nombre: ‘lectura en frío’. "Es uno de los trucos básicos. Si fumas mucho, por ejemplo, se nota en la comisura de los labios o en el color de los dedos. Entonces te dirá que tienes un problema con el tabaco. O te dirá que tienes problemas de tensión, azúcar o ansiedad, y acertará alguno, claro", explica Mulet, un escéptico combativo que, como abogado de la ciencia, detesta estas patrañas. "El que desarrolla un pensamiento crítico sabe que el futuro no se puede prever. Y si se pudiese, alguien haría cosas útiles. Si yo pudiera adivinar el futuro, no me montaría una consulta, sino que invertiría en Bolsa y daría soluciones a los grandes problemas del mundo. Yo le preguntaría a una vidente: ‘¿dónde está el cadáver de Marta del Castillo?’ O, ‘dame los números de la Primitiva’. ¿A algún vidente le ha tocado la Lotería? ¿Por qué no adivinan cosas útiles como la cura contra el cáncer? Al final todos te dicen que tu abuelo te quería. Claro, pero dime algo que no sepa", explica el científico.

Media hora de consulta y la vida sigue igual. "Tú trabajas en algo cara al público y debe ser un negocio tuyo ¿verdad?", continúa. El cliente matiza que además de su trabajo hace otras ‘cositas’ en su tiempo libre para tener más ingresos mensuales porque le cuesta llegar a fin de mes. Esas ‘cositas’ despiertan el interés de la pitonisa, una mujer con gestos sensuales y la voz profunda. "Yo soy como una psicóloga-terapeuta-energética", declara. "Y he intuido desde el principio que tú y yo podemos hacer negocios", añade. Algo rumia en su cabeza.

Las ‘predicciones’ no coinciden a las de otra vidente que visitamos la semana anterior, con gabinete en la Gran Vía de València. Coincidió con la segunda en un aspecto: en que el cliente tiene un negocio propio. Ambas visitas se produjeron un día entresemana en horario laboral. La ‘lectura en frío’ de la primera futuróloga generó otra conclusión, en este caso una advertencia: "Las cartas me dicen que tengas cuidado con las caídas". El cliente se desplazó hasta su consulta en patinete eléctrico. Su método del tarot era distinto. Sus cartas no caen al azar, sino que el cliente ha de cortar la baraja y elegir 7 naipes "porque el 7 marca los ciclos de la vida".

Volvemos al bajo color verde oliva. Han pasado 40 minutos y la vidente sugiere que el cliente descreído necesita una ‘limpieza energética’, con un sobrecoste de 50 euros. El ‘timo del trabajito’ es uno de los trucos a los que recurren los videntes. Consiste en ofrecer la necesidad de otras acciones extras, como romper hechizos de amor o ‘endulzar’ la vida del cliente, con trabajos extra que no estaban pactados y que ofrecen de forma improvisada.

La sensación de que alguien acierta sobre nuestro pasado o presente tiene un nombre: el ‘efecto Forer’ o ‘efecto Barnum’. "Este se produce cuando las personas aceptan como propias generalizaciones que podrían ser válidas para cualquier individuo", explica Mulet. Los horóscopos son el epítome del efecto. Suelen cumplir esto punto por punto y están llenos de vaguedades que, sin embargo, algunas personas creen a pies juntillas como suyos.

La sesión está terminando y preguntamos a la pitonisa por dos asuntos generales para ver cómo se maneja fuera de los temas cotidianos (tópicos sobre salud, dinero y amor). Primero, por el futuro accionarial del Valencia CF, un tema de calado en la ciudad. Queremos saber si el dueño del club, Peter Lim, va a vender sus acciones. "Todavía no, pero va a haber una venta. Será en septiembre o el año que viene", vacila. A continuación queremos saber si habrá cambio en la alcaldía de València en las próximas elecciones municipales. "No, todo seguirá igual. Veo continuidad y ya no volverá la alcaldesa anterior. ¿Se murió, no?".

Fuera de la zona de confort, la tarotista se siente nerviosa. Quiere regresar de inmediato a los temas que maneja bien y lo hace apelando a la pasión sexual -tema recurrente en la videncia, por lo visto- y a otro intento de ‘timo del trabajito’. "Puedo hacer que suba tu pasión sexual con una vela que encenderé esta noche en mi casa". Uno se cuestiona: Claro, ¿quién no quiere mejorar su ardor en la cama? El cliente dice que otro día. Ella insiste. "No te preocupes, me puedes hacer un bizum o una transferencia bancaria". Pero el reportero ya ha pagado bastante: 80 euros en dos sesiones y más preguntas que respuestas. La vidente revela, a una pregunta dejada caer sobre los negocios en los que está interesada hacer con el cliente, que está dada de alta como autónoma. Es verdad que hay un epígrafe específico, el 881, para "astrólogos y similares", que no existe, por ejemplo, para periodistas, que han de elegir el epígrafe de "pintores, escultores y artistas similares" para declarar sus ingresos por cuenta propia. Eso sí, la tarotista, que alardea de contar con un espacio en una televisión local, guarda el dinero en un bolsillo y no emite recibo ni factura de la sesión. La despedida, al parecer, no será definitiva. La tarotista, que no llega a los 40 años, presiente que habrá otro encuentro y se producirá "pronto".

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