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CON CIENCIA

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‘Myotragus balearicus’.

‘Myotragus balearicus’.

La llamada «regla de las islas», utilizada por las ciencias que tratan de la adaptación de la fauna al ecosistema, se refiere a un fenómeno difícil de explicar. Cuando emigran a una nueva isla, los animales pequeños tienden a volverse gigantes y los grandes, enanos. Hay ejemplos que son de dominio común, como es el caso del Myotragus balearicus, antílope enano, que no cabra, que vivió en nuestro archipiélago hasta extinguirse hace unos 5.000 años. Incluso el linaje humano cuenta con una especie al menos protagonista de esa regla, el diminuto Homo floresiensis, de la isla de Flores (cercana a Indonesia), que sobrevivió hasta hace unos 18.000 años acompañado de una de sus principales presas, el elefante enano del género Stegodon.

Un trabajo publicado en la revista Nature Ecology & Evolution por Ana Benítez-López, investigadora de la Estación Biológica de Doñana (Sevilla, España), y sus colaboradores, ha llevado a cabo un análisis meta filogenético sobre más de 1.000 especies de vertebrados terrestres que forman poblaciones pareadas, es decir, presentes tanto en el continente como en islas próximas.

Los resultados del trabajo indican que tanto en las aves, los mamíferos o los reptiles los colonizadores de las islas son con cierta frecuencia versiones gigantescas o miniaturizadas de sus equivalentes que permanecen en el continente de origen. La regla sólo deja de ser concluyente en los anfibios, cuyo cambio de tamaño parece dirigirse sólo hacia el crecimiento. Los autores también se encontraron con que la magnitud tanto del enanismo como del gigantismo insulares depende del clima, del tamaño y del aislamiento de las islas, dándose los efectos más pronunciados en las islas más pequeñas y remotas por lo que hace a los mamíferos y los reptiles.

Sin embargo, Benítez-López y colaboradores sólo pudieron constatar la realidad y extensión de la «regla de las islas»; no lograron encontrar cuál es el mecanismo que produce los cambios en las islas ni de qué factores depende. Se limitaron a indicar que las modificaciones de tamaño podrían deberse tanto a la selección natural como a la plasticidad fenotípica, cosa que no es sino reconocer que el fenómeno puede deberse a cualquier causa de las que la teoría de la evolución ha identificado. Como conclusión final, los autores apuntan una idea bien prudente: que las características fisiográficas, climáticas y ecológicas de las islas juegan un papel fundamental en la configuración de la evolución del tamaño corporal, cosa que refuerza la idea de que los patrones macroevolutivos a gran escala no surgen de mecanismos únicos sino que, utilizando las propias palabras de Benítez-López y colaboradores, a menudo son el resultado de múltiples procesos que actúan de manera conjunta. Dicho de otra forma, es probable que la causa del gigantismo y enanismo insular no sea ni simple, ni única.

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