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Opinión | Ganas de mirar la clasificación; por Sebastià Adrover

El mallorquinismo tiene motivos para no dejar de mirar la clasificación. Es difícil que los ojos no le brillen por la ilusión y el orgullo que despierta este equipo, que el sábado volvió a dar una lección que solo está al alcance de los elegidos. El Rayo, que llevaba nueve jornadas seguidas sin perder, con seis victorias seguidas entre Liga y Copa del Rey, daba miedo, pero el resultado es que a los veinte minutos los bermellones dominaban por 0-3. No era exagerado decir que el Mallorca venía de un mal momento, una circunstancia que todavía dota de más valor a lo que sucedió en Vallecas. Porque volvió a demostrar mucha personalidad en un momento en el que otros se hubieran hecho pequeños, se hubieran asustado, algo que invita a pensar que estamos en una temporada especial. Y esto es mérito de estos jugadores y, sobre todo, de Luis García Plaza, que desde el primer minuto ha dado con la tecla dentro del vestuario, en sus decisiones sobre el césped y en sus deliciosas comparecencias. Dan ganas de ir a preguntarle porque siempre argumenta sus respuestas, sin ahorrarse explicaciones, sin ver fantasmas donde no los hay y teniendo claro hacia quién va dirigido su discurso. Porque sabe que no es para los periodistas, sino para unos aficionados que le adoran. Todavía quedan veinte partidos y ya sabemos cómo se las gasta esta Segunda División, aunque da la sensación de que no podrá fallar mucho para subir directo. Pero como siempre defendía Luis Aragonés, lo importante es llegar a los últimos diez duelos bien colocado en la tabla. Esto promete.

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