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Otra oportunidad para el Palau de Sineu

Después de anunciar su llegada con el equivalente de báculo y mitra en la mano, el obispado nunca ha explicado por qué las Hijas de la Sagrada Familia de Barraquina no se han instalado en el Palau de Sineu. Sujetos al ayuno de información diocesana, daremos por buena la versión que conduce a la exigencia de clausura total y uso privado de todo el recinto, por parte de las monjas colombianas, como impedimento último para ser las moradoras de un lugar y un significado que seguramente no alcanzaron a entender. El Palau es BIC y sus valores históricos y patrimoniales necesitan ser hoy compatibles con el uso religioso. El obispado se precipitó en su afán de cumplir la palabra de procurar una nueva congregación para el viejo convento de las Concepcionistas. Hizo repicar las campanas antes de hora y, aún con la mejor voluntad y esfuerzo, ha quedado en un callejón sin salida. El Ayuntamiento le tiende la mano ahora y le ofrece la alternativa de un museo permanente y la habilitación de espacios para actos culturales. Mientras, la iglesia, que sufrió un incendio en 2015, ya ha recuperado el culto. Cualquier vía de futuro que acabe con el proceso de degradación en que entró el Palau de Jaume II en 2016, cuando se fueron las monjas, será buena. En todo caso, los usos deberán ser compartidos porque la sociedad es plural y la legislación obliga a permitir el acceso a los bienes de interés cultural. Si las cosas se hacen con rigor y se sabe pactar un régimen formal de visitas, tanto la Iglesia como las instituciones civiles se quitarán un peso de encima al tiempo que darán cumplida forma a su responsabilidad. El Palau de Sineu tiene ante sí una nueva oportunidad que necesita ser la definitiva. Porque la clausura del abandono es corrosiva.

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