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Lletra menuda | Flores en el decorado turístico

Dado que el turismo es una fiesta para sus consumidores, conviene mantenerlo permanentemente vestido de gala para la ocasión. Incluso cuando se interesa por la diversificación y el buen uso de los recursos naturales, Calvià no puede prescindir de hacerlo al margen de la industria del ocio. A semejanza de quien coloca un vistoso jarrón con flores en el salón de casa para agradar a los invitados, ahora se plantea una decoración floral apropiada para su castigado paisaje. Se mira en el extremeño Valle del Jerte y, en vez de cerezos, se recurre a los almendros del lugar. La intención es buena, pero la idea delata, entre otras cosas, que entre los hoteles, chiringuitos y residencias de Calvià no ha podido mantenerse viva la tradición y la posibilidad agrícola de esta isla mediterránea. Mallorca no es Extremadura y el almendro un árbol de secano que se nutre por cuidado antes que por riego desmesurado, por mucho que ahora esté de moda plantar especies de crecimiento y producción rápida. El agua es para el huerto. Si de lo que se trata es de dar «un salto cualitativo» con el aprovechamiento del agua depurada, resulta más aconsejable que las comunidades de regantes en constitución y las asociaciones vecinales que les respaldan, encaminen directamente sus esfuerzos hacia la explotación agrícola que produce frutos y hortalizas para el consumo doméstico, sin reparar en las finalidades meramente decorativas o paisajísticas. Si se hace así, todo lo demás vendrá por añadidura, porque una tierra bien cultivada, sin artificialidades, también resulta atractiva y acogedora. Además, sobre todo ahora que la lluvia margina a Mallorca, no se puede dar el mal ejemplo del despilfarro de agua. Alguna lección hemos aprendido de los campos de golf.

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