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Diario de Mallorca

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El pequeño comercio del barrio de Santa Catalina entra en ebullición

Desde el pasado mes de julio, han levantado la persiana más de media docena de pequeñas tiendas, entre ellas una nueva librería, una floristería o una barbería, que diversifican la oferta de la zona, muy centrada en la restauración y el ocio nocturno

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Nuevos comercios en Santa Catalina

En la esquina de la calle Pursiana con Pou, en el barrio de Santa Catalina, una explosión de vegetación llama la atención del viandante. Es la floristería Bylolindo, capitaneada por Daniela Sbraccia. Lleva desde el pasado mes de julio abierta y es uno de los nuevos comercios que recientemente han levantado la persiana en un distrito de la ciudad que está repleto de bares y restaurantes. Las pequeñas tiendas han empezado a emerger «al calor del mercado de abastos», opina la florista Sbraccia, quien ofrece un producto «muy mimado y exquisito». La decoración exterior de la tienda ya es un gancho de lo que uno puede encontrar en el interior: una amplia variedad de flores frescas, secas y preservadas. «El verano reconozco que fue malo, no funcionó, pero ahora estamos mejor y con la web también preparamos muchos encargos», relata la propietaria, quien empezó con el negocio en León y acabó mudándose a Mallorca por el clima «y porque mi marido es de aquí». «Al principio abrimos en Son Rapinya, pero cuando encontramos un local libre en este barrio nos trasladamos. Yo siempre había querido tener tienda aquí. Me enamoré de esta zona llena de vida y de casitas bajas el primer verano que conocí la isla», confiesa. 

«Es muy necesario que la oferta de este barrio se diversifique y creo que se está haciendo bien, enfocando hacia un comercio de calidad. Aquí lo que te encuentras son artesanos, artistas o diseñadores de interiorismo o moda, sobre todo», apunta. «Aunque también han abierto hace muy poco Pas Normal Studios, una tienda de ropa enfocada al ciclismo [está ubicada en el edificio modernista Can Pujol], una barbería y hasta una librería», enumera contenta. «La cuestión está en que quien venga a comprar al mercado pueda quedarse también paseando por el barrio haciendo otras compras», señala. La florista es consciente de que un grueso importante de los compradores potenciales es extranjero. «Es un barrio turístico, pero también estamos para los vecinos y son nuestros clientes. Me parece muy positivo que en esta zona haya más oferta que no sólo bares y restaurantes», señala.

De la misma opinión es la editora y gestora de derechos editoriales Marina Alonso de Caso, ahora librera en la calle de Bayarte. El pasado 21 de diciembre levantó la barrera de la preciosa librería La Salina, una bombonera forrada de madera de pino con una curaduría de libros exquisita marcada por colecciones transversales ideadas por la propia De Caso, forjada en los cuarteles generales de la editorial francesa Gallimard. «Quería volver a Mallorca por un tema de calidad de vida. Regresé el verano de 2019, estuve trabajando en otra librería en Palma y también ayudando a una amiga en Berlín», cuenta. «La experiencia de cara al público me pareció maravillosa porque puedes ver cómo circula el libro, y tomarle el pulso a la sociedad y ver qué temas le preocupan con sus lecturas», considera. Para la editora, tener una librería «es hacer un bien público porque la lectura puede tener un gran impacto en la vida de la gente», abunda. 

De Caso escogió Santa Catalina para abrir la suya porque «es un barrio que no tenía ninguna». «La intención es que funcione como una bomba cultural en esta zona. Que la cultura pueda llegar aquí y a sus vecinos a través de este espacio, en el que vamos a celebrar presentaciones de libros y también clubes de lectura para adultos y niños», apunta. «También está demostrado y estudiado que las librerías independientes son generadoras de tejido comercial; es decir, junto a ellas suelen levantar la persiana otros comercios», agrega.

Sin ir demasiado lejos, en la calle Soler, Davide Carosella (29 años) regenta su propia barbería, Malandrino, abierta en septiembre. «Aquí tengo la puerta abierta a todo el mundo, tengo clientes de todas partes y de aquí mismo, gente que viene a comprar al mercado y otras personas que ya me conocen cuando trabajaba en otra barbería en Palma», narra este italiano de Bari que recaló en España en 2015 y vino a vivir a la isla en 2018 porque su novia es mallorquina. «Me encanta Santa Catalina, es bonito y familiar. Un barrio muy mañanero por el mercado. Espero que abran más negocios distintos y haya otras actividades en la zona», opina. De la misma opinión es Johan Theunis-Oxbrow, al frente de la tienda de decoración La Libélula Home. «Parece que está habiendo un cambio de tendencia aquí y en lugar de poner nuevos restaurantes están empezando a abrir más tiendas. Cada vez hay más gente que viene por aquí a hacer sus compras», explica.

La presidenta de la Associació de Veïns Barri Cívic de Santa Catalina, Marilén Mayol, aplaude estas recientes aperturas (también cita el supermercado Veritas o Alalimón) . «Están dando vida diurna al barrio, son servicios de calidad y útiles para los vecinos, les damos la bienvenida».

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