Festa de la Llum. La Catedral no abrió ayer, el 11 del 11, para evitar la habitual multitud que llenaba el templo a primera hora para asistir al colorido efecto de los dos rosetones formando un ocho, aunque posibilitó verlo en directo a través de su canal de Youtube y la página web de la Seu. El público respondió desde la distancia.

En el silencio de primera hora de la mañana, en soledad o con un pequeño grupo de personas, desayunando, en una pausa del trabajo o durante unos minutos expresamente reservados para la contemplación del espectáculo lumínico. Más de un millar de personas tuvieron que cambiar ayer el imponente escenario de la Catedral por las pantallas de sus móviles, tabletas u ordenadores para poder asistir el 11 del 11 al esperado Vuit de la Seu. La ahora llamada Festa de la Llum, que este día y el 2 del 2 atrae al templo a una multitud, también sufrió las consecuencias de la pandemia y no se pudo ver in situ, aunque sí en directo a través de Youtube y la página web de la Catedral, y tuvo tanto éxito como otros años, pese al menor encanto.

Antiguamente, los únicos testigos eran los sacerdotes de la Seu y algún profesor que acudía con sus alumnos

La Seu no abrió al público para evitar aglomeraciones, tal como informó por internet, pero hasta una veintena de personas que no se habían enterado aguardaban a las 7,45 horas frente a la entrada de la plaza de l’Almoina. Cuando fueron avisadas de que la puerta seguiría cerrada, lo intentaron sin suerte por el acceso del ábside. En el interior, varios miembros del cabildo y un grupo de prensa asistieron a las 8,30 al momento en el que el reflejo del rosetón menor se coloca justo debajo del mayor y forman la impactante y colorida figura del ocho, aunque ambos círculos no se tocan.

Así ha sido el espectáculo lumínico del Vuit de la Seu M. Mielniezuk

Un templo casi vacío

La restauración del rosetón de la fachada principal de la Seu, con sus 1.115 piezas de vidrio, hizo que se incrementase la nitidez y fuese más llamativo el efecto casi mágico que se produce el día de Sant Martí y el de la Candelaria. Ocurrió en 2010 y, además, se abrieron las puertas del templo esos días para que el público lo contemplase, tal como contaron las técnicas de gestión cultural, por lo que la afluencia de gente fue en aumento año tras año y la Catedral se abarrotaba cuando las mañanas eran soleadas. Ayer fue diferente, como casi todo lo que sucede este año, y el templo permaneció prácticamente vacío mientras el reflejo del rosetón del ábside se movía lentamente. Así estaba antiguamente, cuando los únicos testigos eran sacerdotes y algún profesor de Historia del Arte que acudía con sus alumnos a observar esta singularidad.

«Ocurre desde la construcción de la fachada principal en el siglo XVIII. Es pura coincidencia, pero a las personas siempre nos han gustado las curiosidades y qué historia hay detrás», destaca el canónigo Pere Oliver. Y cuenta que, aunque ambos días se han puesto de moda, el efecto puede verse casi exactamente igual el resto de la semana y que «hay otros espectáculos lumínicos en la Seu tan bellos como este, como cuando el sol entra por los vitrales durante las tardes de verano y colorea las columnas».