30 de agosto de 2009
30.08.2009
Crónica de antaño

La colección artística del cardenal Antoni Despuig

29.08.2009 | 22:23
Busto del cardenal en la iglesia de Santa Magdalena.
Cuando uno visita el Museu de la Ciutat, ubicado en las dependencias del castillo de Bellver, tiene la oportunidad de contemplar una parte importante de lo que un día fue la colección escultórica del cardenal Despuig, uno de los personajes más representativos de la ilustración mallorquina.
Antoni Despuig Dameto, nació en Palma en 1745. Era el noveno hijo de los condes de Montenegro y de Montoro, título vinculado a los Despuig desde hacía un siglo debido al matrimonio (1643) entre Ramon Despuig Rocaberti y Melchora Martínez de Marcilla y Ram de Montoro. El joven aristócrata estudió en el colegio de San Martín de Palma, que pertenecía a la Compañía de Jesús. Posteriormente ingresó en la Universidad de Mallorca, dónde se doctoró en ambos derechos (1774). A pesar de manifestar desde joven su vocación a la vida castrense, su padre se negó a que iniciase la carrera militar. La muerte de su tío, el obispo Llorenç Despuig, precipitó la decisión paterna de que Antoni encaminase su futuro hacia la vida eclesiástica. En 1774 era ordenado sacerdote. En los años posteriores su actividad se centró en Palma. Fue canónigo de la Catedral de Mallorca, fue cruzado caballero de la Orden de Malta y nombrado vicario apostólico de la orden militar en Mallorca. Fue miembro fundador de la Sociedad Económica Mallorquina de Amigos del País (1778), rector de la Universidad Luliana y miembro de la Real Academia de San Fernando (1782). También fue el mecenas del sacerdote y geógrafo Julià Ballester que junto al grabador Josep Muntaner realizaron un Mapa de Mallorca (1784). Su salto definitivo a Roma estuvo motivado por su nombramiento como auditor de la Rota para la Corona de Aragón (1785).
Imbuido por el ambiente romano, Despuig decidió crear un gabinete de arte y arqueología. Enseguida pensó que Raixa sería el lugar idóneo para establecer su colección. De hecho, Raixa, según los deseos de Antoni y su hermano Joan —conde de Montenegro y propietario de la finca—, iba a convertirse en el paraíso particular de ambos. Esta idea aparece en una carta de 1773 en que el cardenal aseguraba a su hermano que en un futuro disfrutarían de "las delicias de Raixa, en donde prometía acompañarle para llevar una vida que envidiaría cualquier hombre de juicio..." Para ir adquiriendo piezas de su colección se sirvió de tres recursos: la excavación, la compra a anticuarios y la reproducción de piezas históricas. Las excavaciones se centraron principalmente en la finca de Ariccia, cerca de Roma. Las campañas arqueológicas se efectuaron entre los años 1787 y 1796, encontrándose una importante cantidad de piezas escultóricas y epigráficas. También compró a anticuarios y siguiendo la moda de la época encargó copias de estatuas pertenecientes a otras colecciones —por ejemplo algunas obras de la colección Borghese de Roma, que actualmente se encuentran en el museo del Louvre de París—. Tal como había planeado, su colección fue trasladada a Raixa, donde los escultores Pascual Cortés y Lluís Melis se encargaron de la restauración de materiales. También se trasladaron allí el tracista Giovanni Tribelli, Francesco y Giovanni Lazzarini y Eusebio Ibarreche. Todos ellos contribuyeron a trasformar Raixa y crear el museo. El cardenal murió repentinamente en 1813, en la ciudad de Lucca no pudiendo cumplir su sueño de acabar sus días en la querida finca de Bunyola. El museo se mantuvo hasta finales del siglo XIX, momento en el cual Ramon Despuig Fortuny, último conde propietario de la finca, empiezó a vender las piezas más importantes de la colección. El escultor Llorenç Rosselló fue el encargado de encontrar comprador de las piezas, algunas de las cuales fueron adquiridas por el museo de Copenhague. En 1910, Ramon Despuig vendió la finca al rico indiano Antoni Jaume Nadal, muebles y colección incluidos. Pronto surgieron rumores de que la familia Jaume tenía tentadoras ofertas provenientes del Continente para comprar la colección. La Sociedad Arqueológica Luliana enseguida organizó una campaña de urgencia para que la colección se comprara por alguna institución pública, pero no hubo respuesta. Ante tal situación el arquitecto Guillem Reynés y Josep Ramis de Ayreflor Sureda, en un acto de generosidad compraron la colección (60.000 pts) para evitar que saliese de Isla (1918). La compra era de carácter provisional, a la espera de que una institución pública o una suscripción popular se hiciesen cargo de la colección. La solución definitiva no llegó hasta 1923, momento en que el Ayuntamiento de Palma —el alcalde en aquellos momentos era el arquitecto Guillem Forteza— compró la colección Despuig. Se decidió que la colección se trasladaría al castillo de Bellver. En 1931, gracias a las gestiones del diputado en Cortes, Alexandre Jaume, el gobierno de la II República acordó ceder el bosque y el Castillo al Ayuntamiento de Palma. En 1932, la Comissió Municipal de Cultura, integrada por Emili Darder, Andreu Crespí, Lluís Ferbal y Francesc de Sales Aguiló, fue la encargada de crear el museo municipal. Éste fue inaugurado el mes de junio de 1936 y, aunque Bellver se convirtió en prisión política durante la Guerra Civil, la colección Despuig ha permanecido ininterrumpidamente allí hasta nuestros días.
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