Opinión | TRIBUNA

Juan Oliver Vidal

¿Los muelles del puerto de Palma deben dedicarse a la reparación de grandes yates?

Hace unos años, no tantos, las autoridades de las Illes Balears, portuarias y no portuarias, promocionaban los cruceros acudiendo anualmente a las grandes ferias internacionales como la de Miami.

Pero cuando empezaron a llegar hasta siete cruceros diarios al puerto de Palma, lo que suponía un total de unos veinte mil cruceristas sueltos por el centro de la ciudad, saltaron las alarmas de los residentes, como están saltando ahora con la saturación de turistas, porque todos los excesos son, a la vez que imprudentes, malos; y cualquier tipo de saturación se vuelve contra quienes la han provocado, padeciéndolo los ciudadanos.

Ahora se pretende ocupar el muelle comercial de Palma, la mayor explanada que tenemos, como una macro plataforma de reparación de grandes yates. Según un informe jurídico de Puertos del Estado un gran yate es un buque mercante, o, más grave, interpretan que las embarcaciones superiores a 24 m se pueden considerar comerciales para justificar «el plan de usos del puerto actual». De esta manera, lo que en un principio fue un trocito del muelle se va convirtiendo con el tiempo en una actividad exclusiva de toda la parte más importante y ciudadana del puerto.

Inicialmente, Astilleros de Mallorca estaban en la zona que se denomina la Pedrera, situada en lo que después sería el Paseo Marítimo, lejos, por tanto, del centro de Palma. Posteriormente, debido a la construcción del Paseo Marítimo, en el año 1968 se acercan de lleno al puerto, prácticamente dentro de la misma ciudad, si bien ocupa un espacio donde queda en cierta forma disimulado.

Por otro lado a Astilleros de Mallorca, que prácticamente reparaba en exclusiva, en el año 2006, le salió un competidor —la empresa Servicios Técnicos Portuarios (STP)—, que ahora es quien busca la exclusividad permanente con el beneplácito de las autoridades portuarias, que no dudan en cederle todo el espacio que solicitan durante todo el tiempo que deseen, saltándose la Ley y sin concurso, como ha ocurrido en el último Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria de Baleares.

Por supuesto que no estoy en contra de que esta industria se ubique en el puerto de Palma, aunque sí que sea en otro sitio, conviviendo con el resto de actividades.

Como ya comenté en otro artículo, ubicar los buques en los muelles comerciales y la zona de reparación y mantenimiento de yates en el Dique del Oeste, y no al revés, supondría un indudable beneficio para el ciudadano, el turismo y la ecología, a la vez que se conseguiría la integración deseada del puerto en la ciudad.

En el Dique del Oeste es donde se pretende ubicar toda la operativa de la llegada y salida a las mismas horas de las compañías de línea regular, o las operaciones de carga y descarga del pasaje y de la mercancía en un espacio reducido; y no hablemos de la entrada y salida de los camiones hacia los diferentes destinos. Se nota la ausencia del criterio profesional de los operadores de los muelles, de Capitanía y de informes técnicos con razonabilidad y lógica con el fin de evitar decisiones e inversiones millonarias a costa de los ciudadanos.

Volviendo al principio, ahora que se habla de poner límites al turismo y a los cruceros, habría que preguntarse si es la hora de que la ciudadanía reivindique su histórico espacio público poniendo límites a la reparación de embarcaciones. ¿Palma quiere un polígono industrial en pleno centro urbano?