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Miguel Vicents

Una rampa para Yaiza

Se llama Yaiza, tiene 17 años, vive en Palma, estudia segundo curso de Bachillerato, es aficionada a la literatura y practica rugby adaptado. Yaiza se desplaza en una silla de ruedas eléctrica porque sufre Atrofia Muscular Espinal, pero intenta vivir como cualquier joven de su edad. Sin embargo, su ciudad, que presume de abierta e inclusiva, todavía levanta barreras insuperables para las personas con discapacidad, muros que resultan invisibles para los responsables municipales pero que generan enormes injusticias. En las últimas dos semanas el bus de la EMT ha dejado a Yaiza tirada cuatro veces en la calle por averías en las rampas de acceso, un problema recurrente que viene sufriendo con escandalosa frecuencia desde hace cuatro años, como ha denunciado y documentado su madre, Pilar Biayna, en las redes sociales, dos veces en el pleno municipal de Cort y en reuniones con el alcalde y el concejal responsable de la EMT. Por este problema tan frecuente Yaiza se pierde clases en el instituto, citas médicas y ya casi no se atreve a salir con sus amigas, por si el último bus de regreso a casa también tiene la rampa estropeada y se vuelve a quedar tirada en la calle y sin modo de regresar. El Ayuntamiento y su ineptitud manifiesta convierten a Yaiza, en contra de su voluntad, en víctima y la obliga a convertirse en una superheroína para esquivar todas las trampas que la ciudad aún le pone. Su historia no es distinta a la de Alba, la niña que tuvo que esperar nueve años a que Cort autorizara una rampa de acceso en la entrada de su casa o la de todas las personas con discapacidad que sufrieron durante quince largos años las averías constantes en el ascensor de la plaza Major. Hay injusticias cuya reparación no debería esperar ni un minuto. ¿Es tan difícil que el Ayuntamiento se dé cuenta?

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