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JOrge Dezcallar

Quid prodest?

¿Beneficia a alguien la guerra de Ucrania? Puede analizarse desde muchas perspectivas: militar, política, económica, estratégica o humanitaria, pero se mire como se mire Ucrania sale siempre muy mal parada, la invasión perjudica a Rusia y a Europa y beneficia a China y a Estados Unidos, acelerando la transición hacia un mundo bipolar que ellos dominarán.

Rusia pierde por todos lados: su imagen de gran potencia (?) se ve dañada por su incapacidad militar ante un país menor. Putin ha sobrestimado su capacidad e infraestimado la voluntad de resistencia de Ucrania y el apoyo de occidente. Su cruel decisión de enviar oleadas de misiles para dejar a los ucranianos sin luz, agua o calefacción en pleno invierno ha suscitado críticas incluso en China. Las sanciones le están haciendo mucho daño aunque su economía está capeando el temporal mejor de lo que se pensaba (el FMI calculaba este año una pérdida de 8,5 puntos de PIB que al parecer se quedarán en 3,4). Vende menos energía pero a mayor precio, ayudado por la decisión de la OPEP+ de reducir un 2% su producción, pero no le será fácil encontrar clientes para lo que Europa deja de comprar porque es demasiado y porque todavía no tiene infraestructura (oleoductos y gasoductos) para llevarlo a Asia, donde el consumo crecerá un 85% en los próximos años. Por si esto fuera poco, Rusia pasará mucho tiempo castigada cara a la pared mientras se desvanece el sueño de Gorbachov de «la casa común europea». Puede que aún gane la guerra pero no puede ganar la paz.

Tampoco a Europa le va bien. Es cierto que con las sucesivas crisis ha dado pasos de gigante hacia una mayor integración que es esencial para tener un papel relevante en el mundo, pero hemos cometido graves errores, como dice Borrell, al poner nuestra energía en manos de Rusia y nuestra seguridad en las de Washington mientras apostábamos por el mercado chino. Una ecuación suicida porque Donald Trump (o alguien parecido) puede volver a la Casa Blanca y ni Putin ni Xi son socios fiables. Si hace un año hablábamos de autonomía estratégica respecto de los EE UU hoy hablamos de autonomía energética frente a Rusia y ambas son necesarias. La energía nos costaba el 2% del PIB comunitario y ahora ha subido al 12% con efectos devastadores sobre nuestra competitividad. Y perdemos peso en el mundo: si en 2010 la UE tenía el 20% del PIB mundial, en una década podría reducirse a la mitad porque durante los últimos años estamos creciendo a menor ritmo que EE UU y China (0,34% anual frente a 3.4% y 7,43% respectivamente). Por si fuera poco, la economía alemana se reducirá un 0,4% en 2023 entrando en una recesión que nos afectará a todos. Con estos datos y una población decreciente (en 1900 Europa tenía el 25% de la población mundial y hoy solo el 6%) será difícil mantener nuestras envidiables sociedades de bienestar mientras las sanciones a Moscú tensan nuestras costuras.

No les va tan mal a China y a Estados Unidos. Beijing consigue atraer a Rusia a su órbita como socio menor mientras le compra gas y petróleo con fuertes descuentos. Y tiene a los EE UU y a Europa «entretenidos» en el escenario europeo mientras ella prosigue su desarrollo económico y tecnológico y gana tiempo hasta estar en condiciones de hablarle a Washington de tú a tú. Y los EE UU fabrican y prueban nuevas armas en Ucrania mientras nos venden el gas (ahora licuado) que no podemos comprar a Rusia. Su objetivo en Ucrania según el secretario de Defensa Lloyd Austin es ayudar a este país y «debilitar» a Rusia, lo que nos lleva a una guerra larga. Y lo mismo implica el secretario general de la OTAN, Stoltenberg, al decir que Rusia no puede ganar esta guerra porque eso sería la derrota «de todos nosotros» y eso nos aboca a un horizonte complicado. Otro ganador de esta guerra es Turquía, pero eso lo dejo para otro día.

La invasión rusa acelera así el fin de una era geopolítica y el paso a una bipolaridad dominada por China y Estados Unidos, que tendrán que decidir si pelearse, cooperar, o una combinación controlada de ambas opciones, mientras que Europa y Rusia pierden peso en el mundo. Y eso, al menos en lo que a nosotros respecta, no nos conviene nada.

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