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Ramón Aguiló

escrito sin red

Ramón Aguiló

La izquierda se rasga las vestiduras

El Gobierno y las izquierdas españolas se han rasgado las vestiduras ante el resultado de las elecciones italianas que apunta a un gobierno dirigido por Giorgia Meloni. ¡Que viene el fascismo! Si todo lo que no es izquierda es fascismo, entonces es que nada es fascismo. Se repite el sonsonete de las autonómicas andaluzas que facilitó el triunfo del PP al agrupar el voto de la derecha en ese partido. En realidad, lo que se hace es banalizar el fascismo o el neofascismo. No es la primera alarma. Antes ya se había denunciado la eclosión ultraderechista en Hungría, Polonia y en la propia Francia con una Le Pen en continuado ascenso. Ahora es el turno de Italia, la tercera economía europea, que se percibe como un peligro para la UE. Tajani, escudero de Berlusconi (esperpéntica la imagen del muñeco) y ahora agente de Meloni, ha manifestado que no hay motivo de preocupación, el nuevo gobierno respetará los compromisos asumidos por el de Draghi.

La izquierda señala el peligro: la ultraderecha. El gobierno, por boca de Albares, advierte, identificando a la extrema derecha con el populismo, que los populismos siempre terminan en catástrofe. Olvidando que Sánchez, antes de dejar de dormir por las noches anunciaba que nunca pactaría con ellos (se refería a Unidas Podemos) para rectificarse tras las elecciones. Lo que demuestra que las descalificaciones de populismo van por barrios, incluso contra Sánchez por su gestión de la pandemia o por su negativa a bajar impuestos en plena crisis inflacionaria, cuando más se ha recaudado, para poder repartir a su gusto las ayudas del Gobierno, o la promesa de subir las pensiones según el IPC, donde más apoyo electoral tiene el PSOE, entre los pensionistas. Otra de las consideraciones de la izquierda es que el ascenso del populismo de la derecha tiene que ver con la situación de incertidumbre que vivimos en toda Europa tras las sucesivas crisis, económica, la pandemia de la Covid-19, o la guerra de Ucrania, que han disparado la inflación. Ahí sí puede encontrarse una explicación, aunque parcial, del auge del extremismo de la derecha. En efecto, y así se puede ver analizando la historia, la sociedad sometida a estrés busca la seguridad que se le ofrece desde la derecha y huye de la incógnita que le ofrece la izquierda.

Hay otra explicación al ascenso de la extrema derecha. Si una mayoría del electorado vota así y no a los partidos de izquierda, socialdemócratas y conservadores, no es porque hayan sido seducidos por aquélla, sino porque se han sentido abandonados por todos ellos. Perciben que, o bien se han convertido en una casta política sólo atenta a su supervivencia, o que sus proyectos políticos han dejado de identificarse con los de las mayorías que les apoyaban. Se ha votado a la extrema derecha por descarte, no porque se hayan convertido los electores en fascistas, sino por la apreciación de que la extrema derecha es la fuerza política que no ha tenido responsabilidad en el deterioro de las condiciones de vida. La política tiene horror al vacío. No sé cómo puede extrañar tanto. La responsabilidad del auge de la extrema derecha es del fracaso de los partidos tradicionales que ahora vierten lágrimas de cocodrilo por la victoria de Meloni. Los italianos pueden haber percibido una disolución de la idiosincrasia del país. La izquierda etiqueta de fascismo y racismo a los Fratelli d’Italia por estar en contra de la inmigración incontrolada. Así pues, ¿cree esta izquierda buenista que se debería estar a favor de ella? ¿O es que se trata de una fuerza política ajena a las mayorías, sin más argumento que viejas proclamas que, por repetidas, revelan la crónica incapacidad para afrontar los nuevos retos sociales?

¿A qué se debe el auge del PP y, más contenido, el de Vox? Apunto a la polarización ideológica del Gobierno de Sánchez. ¿Es que acaso la demonización de los ricos no alienta el odio y la división entre los españoles? ¿Es que no responde al mismo tic del populismo de izquierdas propio del peronismo y de la política bolivariana? ¿Cuál debe ser el objetivo de la izquierda, que no haya ricos o que no haya pobres? ¿Hay que crear riqueza o repartir la que hay? La izquierda carnívora apuesta por lo segundo. Hoy nadie puede pensar que la crea el Estado; la historia debe servir para algo. ¿Ayudan los pactos del Gobierno y el PSOE con EH Bildu y ERC a España o a que Sánchez se mantenga en el poder? ¿Y los indultos a los secesionistas? Que el castellano no sea lengua vehicular ni en un 25% de las asignaturas en Cataluña o Baleares, ¿refuerza al Estado o lo debilita? ¿Atiende a la mayoría o es una imposición nacionalista? ¿Se refuerza la democracia con el incumplimiento en Cataluña de las sentencias judiciales? Estamos viviendo la aplicación de la nueva ley de educación, que supone una gran preocupación para los docentes. Dejando aparte la ideologización de los currículos, impone el abandono de la excelencia. Se va a la escuela a realizar actividades, a ser feliz, no a esforzarse y adquirir conocimiento. Se iguala por lo bajo, dejando, con la excusa de una educación inclusiva y ¿equitativa?, al albur de docentes sin medios ni refuerzos, aulas de gestión imposible con alumnos necesitados de atención especializada. Los resultados estarán pronto a la vista.

Un derecho constitucional como la propiedad privada, no está salvaguardado por el auge de las ocupaciones. No afecta a los ricos, que disponen de seguridad privada y de todo tipo de alarmas. Afecta a una gran cantidad de ciudadanos, que a veces tiene que esperar hasta dos años para recuperar propiedades vandalizadas de las que durante todo ese tiempo han tenido que pagar los servicios. Sin seguridad jurídica no hay convivencia posible. ¿Algún partido acabará con esa situación? ¿Es la ley trans por la que adolescentes de 14 años pueden solicitar un cambio de sexo que puede ser irreversible una ley reclamada por la mayoría de la población o por minorías ideologizadas? ¿Es la degeneración de la democracia, la colonización del Estado por los partidos y la corrupción el precio a pagar por mantener el voto a los partidos tradicionales? ¿Es la incapacidad para modificar la Constitución para hacer posible la separación de poderes y una justicia independiente del poder político el precio a pagar para mantener alejada del poder a la extrema derecha? Los responsables se refugian en la denuncia del extremismo político que ellos mismos han creado.

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