Suscríbete

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Albert Soler

Xi Jinping, Presidente de la República Popular China

Albert Soler

Limón & vinagre | Xi Jinping (Presidente de la República Popular China): Naranjas de la China en el Estrecho de Taiwán

El presidente chino, Xi Jinping, interviene por vídeo en el Foro Económico Mundial el pasado año. Pascal Bitz

No sé ustedes, pero yo soy incapaz de distinguir a Xi Jinping de Jackie Chan, no sé cuál de los dos dirige China ni cuál es embajador de la Unicef, aunque, en honor a la verdad, tampoco sé en qué se diferencian ambos empleos. Según la leyenda popular, los chinos se parecen todos, pero eso son cuentos chinos, porque soy capaz de distinguir a Mao de José, el chino que ahora lleva el bar situado bajo la redacción del periódico.

Probablemente Chan y Xi sean la misma persona, aunque cuando ejerce de jerarca deba contener sus ganas de brincar y saltar, especialmente en sus visitas oficiales al extranjero, donde esas expresiones de efusividad no siempre son bien vistas. En lugar de brincar, sonríe. Si quieren encontrar a Xi Jinping, búsquenlo tras una sonrisa. Un dirigente chino siempre sonríe, de hecho, un chino siempre sonríe, sea dirigente o no, el mismo Fu Man Chú no perdía la sonrisa ni mientras colocaba meticulosamente palillos bajo las uñas del torturado de turno. Xi Jinping tampoco la pierde mientras amenaza a Estados Unidos ni mientras ordena unas maniobras que dejan a Taiwán con el culo así pequeño.

Puesto que entre la pandemia, el cambio climático y la guerra de Ucrania, el mundo estaba la mar de tranquilo, Nancy Pelosi improvisó un viaje a Taiwán. No por nada, solo por joder, que diría un castizo. Tenía unas horas libres en su gira asiática y se dijo, pues hala, a Taiwán. Por ver qué pasa, que desde que soltaron al mundo el covid, los chinos están muy tranquilos, vamos a ver qué ocurre si damos una patada a un avispero, pensó la buena de Nancy, a quien a sus más de ochenta años le da lo mismo una guerra de más o de menos, allá se las compongan los jóvenes. En España hubo la muñeca Nancy -mi hermana tenía una-, de Famosa, cómo no, estaba la Nancy enfermera, la esquiadora, la de vestido de noche e incluso la de safari, faltaba la Nancy cizañera, también llamada Pelosi. Llegó, vio y se largó. El conflicto ya estaba servido.

Xi Jinping respondió con la sonrisa habitual y el consiguiente despliegue militar, y no sé cuál de las dos cosas atemorizó más a Occidente. Uno nunca sabe por dónde coger a los chinos, un pueblo que escribe el nombre tras el apellido (Jinping, por ejemplo, es el nombre de pila del señor Xi) es un pueblo desconcertante, casi imposible de desentrañar. Es probable que algún occidental despistado tomase la sonrisa del señor Xi como señal de debilidad, de que dejaría pasar sin más el gesto de Pelosi. Craso error. La ancestral sabiduría de los filósofos orientales acuñó una expresión, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, para dar a entender sutilmente al otro la existencia de alguna discrepancia. Xi Jinping, versado en el arte milenario de la diplomacia, la usaría para responder a quien le aconsejara hacerse el sueco ante la visita de Pelosi a Taiwán:

-¡Naranjas de la China!

Un tipo que es ingeniero químico pero a quien la Revolución Cultural de Mao mandó a trabajar seis años al campo, es un tipo que sabe que hay que acabar con los pulgones antes de que se coman los tomates, cosa que no significa absolutamente nada pero que podría ser perfectamente un proverbio chino que hiciera referencia a la situación actual en el estrecho de Taiwán.

Xi Jinping sonríe también cuando las organizaciones pro-derechos humanos afirman que la situación de estos en China es la peor desde las protestas de Tiananmén. En este caso sonríe porque le importa un bledo, hay que tener en cuenta que los chinos tienen muchos tipos de sonrisas, esa en concreto significa «pues que vayan a protestar al maestro armero». China es la patria de Sun Tzu, autor de El arte de la guerra, libro de lectura de los niños chinos en preescolar, desde que se descatalogó El libro rojo. Un dirigente chino duerme siempre con El arte de la guerra en la mesilla, como Franco con el brazo incorrupto de Santa Teresa, aunque a tal extremidad jamás se le oyó decir «mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos aún más cerca». Con tal libro de cabecera, difícilmente alguien podrá engañar a Xi Jinping como a un chino.

Las maniobras con fuego real, el bloqueo del tráfico marítimo y aéreo y la movilización de tropas que ordenó Xi Jinping a resultas del viaje de Pelosi, invitan a aconsejar a la octogenaria que, de aquí en adelante, si quiere viajar, se apunte al Imserso, que en Benidorm nadie va a protestar y encima va a bailar cada noche Los pajaritos. China ya es el líder económico mundial por delante de EE UU. Hagan unos y otros el favor de comportarse, que no tenemos necesidad de saber si lo es también militar o no. Más que a Sun Tzu, tengan presente a Confucio: «Antes de empezar un viaje de venganza, cava dos tumbas».

El presidente chino, Xi Jinping, interviene por vídeo en el Foro Económico Mundial el pasado año.

Compartir el artículo

stats