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Diario de Mallorca

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Alex Volney

Alguien voló sobre tu nido…

…tan cuco. ¿Compra al mismo precio un librero independiente que una gran cadena? Parece ser que se ha abierto el debate sobre los descuentos en el baluarte europeo del precio fijo, Alemania. El desajuste entre la demanda y la oferta sigue desequilibrando el sector. Van subiendo los costes fijos y el rendimiento neto final es cada vez más ajustado. Un presente complejo a todos los niveles: inflación elevada, subidas de precios, de tipos de interés y el aumento de la prima de riesgo planeando la consecuente ocurrencia que le suceda y todo cargando un clímax otoñal para la gran tormenta perfecta. Ya pueden dejar estar lo de la temperatura alta del mar, que aquí ya no cuela.

Vaya tela, el precio fijo se constituyó el año mismo de la muerte del matarife y hoy ya se empieza a poner en cuestión bajo esa corriente de fondo que postula que todo lo que puede funcionar, o seguir funcionando, hay que arrasarlo y a poder ser cuanto antes. Estas mismas voces discrepantes se atreven a defender el interés del cliente cuando no ha estado nunca tan desamparado como lo está hoy desde la liberalización del precio en el libro de texto. Si, por ejemplo, nos referimos a ese segmento del libro escolar, solamente un librero profesional puede garantizar un buen, y completo, servicio. Cada otoño crece el desconcierto ante la intromisión de las grandes superficies (como anillo al dedo ha ido a la imparable sustitución, en las aulas, del papel por el soporte electrónico) y su rodillo, dejando desamparados a padres y alumnos con el listado a medias en el momento de su adquisición. Luego las libreras y los libreros profesionales deberán apechugar con la falta ajena. En catalán se llama «banyuts i pagar el beure». Las librerías son las únicas que garantizan una profesional venta de esos textos. Ni hablar ya de los acuerdos entre algunas editoriales y centros escolares con su viaje gratis incluido.

A la incertidumbre librera se le añade el fiasco de la cadena de segunda mano amparada en un vacío legal de la Constitución española, otro escándalo mayúsculo que revienta las costuras de la ley de precio fijo. En un seguimiento se ha comprobado cómo saldan novedades de tan solo 48 horas en el mercado de segunda mano que también había nacido para «salvar» los libros y el cliente. Ante tan desleal competencia los profesionales sufridos (escritores, editores, libreros…) observan un par de veces al año cómo algunas instituciones se ponen dulzonas en lo cultural y van expandiendo sus programas intervencionistas, clientelares o directamente de absoluta y vergonzosa competencia desleal hacia aquellas y aquellos que cada día abren y cierran una persiana. Dejen estar el debate tópico «pasará como en la música», con la coincidencia de que empresarios y salas de fiestas que siempre apostaron por ofrecer espacios a los artistas hoy se ven arrasados comercialmente por diversos festivales financiados con dinero público, esa es la verdad y la única semejanza de ambos sectores, una muy fatídica coincidencia. Además nos van a exigir buen rollo a la hora de asumir el elixir de la digitalización en todos los ámbitos. Tú ve cavando, yo solamente te apunto, con renovado y rompedor cariño.

Antes había libros de lance, «llibreters de vell» y libreros o llibreters pero hoy, intencionadamente o no, se está provocando una lenta y agónica muerte de todo un mundo donde van forzando cada vez más argumentos fake ante el precio fijo cuyo único abanderado de su desaparición, hasta el momento, había sido J.M.Aznar. Un punto de fuerza que sí vela realmente por el consumidor final. Desde algunos sectores van levantando la voz aquellos que ignoran las directrices que han ido sustentando a todo un sector librero y editorial. Se sigue con la idea de eliminar todo aquello que funcione. Deberían fletar, pronto, un par de autocares, o aviones, y acercarlos a Frankfurt para que saquen algún provecho el próximo octubre. Es el año ideal, no lo duden. Es el momento de documentarse y dejar de proponer sandeces que solo benefician a los externos al gremio.

La falta de rentabilidad precisamente viene por todo aquello que nadie se atreve a decir. En España, de pesetas a euros subió el precio de casi todo menos el de los libros, que vivió el simple cambio de moneda sin más. Compruébenlo con cualquier libro de fondo no actualizado. Incluso los grandes editores compiten a la baja por la cuota de mercado y es muy difícil que una novedad por buena que sea pase de los veinte euros. El librero, y servidor el primero, quiere colecciones económicas y de bolsillo para su gente. Poder recomendar buena literatura a seis, siete o nueve euros si cabe, pero la novedad no experimenta nunca ningún incremento o ajuste, justificado, que pueda disminuir el gran desequilibrio que estos profesionales viven en el día a día y ante una coyuntura hostil.

¿Dónde están, el resto del año, esos políticos que por Sant Jordi, o en ferias, buscan tanto protagonismo? Esos cargos que el 23 de abril salen a regalar ejemplares. ¿Alguien se imagina en el «día del hotelero»(es decir cada día), regalar noches de hotel gratis a todo aquel que pase por delante y a cuenta del contribuyente?

El mercado absolutamente estancado no arranca desde la crisis del 2008, sin tener en cuenta los dopajes de la pandemia. El espejismo pandémico y post pandémico era de esperar en un desierto sin matices. Se debe recuperar el valor del libro. Penalizar el maltrato del mismo como auténtico animal de compañía que es, si hace falta. Sea en un mercadillo ilegal o sean otros usos que incluso en nuestras ciudades someten esos tesoros a la lluvia sin pudor o al maltrato público devaluando y desequilibrando el valor de los mismos hasta hacer que aparezcan desahuciados en los contenedores. Menudo espectáculo para las generaciones más jóvenes. De aquí a la hoguera ya no nos queda nada. La promiscuidad en internet ha puesto, finalmente, en jaque al librero y al editor independiente. Las grandes cadenas tienen inagotables medios para llevar a cabo las ideas que los pequeños van ofreciendo cándidamente en instagram. Basta comparar quién genera más porcentaje de devolución y obtendrán el certero análisis de lo que está sucediendo. ¿Cuando defenderán, de verdad, las instituciones a los agentes que hacen posible la existencia del sector? Se ha querido consagrar al librero como agente cultural sin consolidar primero al libro y a las librerías.

Ahora y para siempre: ¡Medicamentos en las farmacias, libros en las librerías!

(Muchas gracias, pero no queremos flores).

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