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Matías Vallés

Al Azar

Matías Vallés

Feijóo se alegra de su error

La bendición que pesa sobre Alberto Núñez Feijóo debe explicar la disculpa generalizada a su monumental error en el Senado, al votar a favor de la peliaguda enmienda introducida por Pedro Sánchez para nombrar a magistrados del Constitucional. Sorprende por otra parte que un político que presume de ser un excelente gestor se despiste en materia de tan notable trascendencia. Ofenden al expresidente gallego quienes le atribuyen una nimia equivocación. Y empeoran el agravio al otorgar sin más que ha cometido un desliz. ¿Por qué habría que creer la explicación que da a su voto, alguien que ha demostrado que no sabe votar?

Feijóo pretende como buen gallego que ha votado una cosa y la contraria pero, como este objetivo es imposible, en realidad solo ha votado a favor de la propuesta socialista. Se esgrime el jocoso antecedente de Casero, solo válido para quienes no alberguen ninguna duda sobre la extraña maniobra que aprobó una reforma laboral deseada por los empresarios, que no votan mayoritariamente a Podemos. De aquí a diez años, el senador del PP podría presumir de haber endosado una iniciativa que le pareció razonable, y quién se atrevería a desmentirle. El candidato favorito a las próximas generales quiere colocarse en la tesitura de que sobrevuela a sus compatriotas, y de que sus ambivalencias le garantizan el acierto. Su votación en el Senado replica su rigodón en Castilla o León. Pacta con Vox pero no acude a la investidura de Mañueco, sendas velas a Dios y al diablo.

Feijóo pidió disculpas, se oye al fondo. Falso. Admitió que se había equivocado pero sin solicitar el perdón de sus votantes con licencia a sentirse escamados, y situándose con alegría en la estirpe de los presidentes del Gobierno que también apretaron el botón incorrecto. El último de ellos fue Rajoy, sin duda el punto de comparación más apropiado para un candidato emergente del PP. Con todo, compruebo mientras escribo que Feijóo sube como la espuma aunque vote a favor del PSOE. Así que tómense todo lo anterior como un desahogo intrascendente pero cierto.

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