Suscríbete

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Antonio Papell

Andalucía. Pobreza, desafección, abstencionismo

Andalucía se ubica, con Extremadura, en el furgón de cola de la serie de comunidades autónomas ordenadas por renta per cápita. Por fortuna, ese medio siglo de democracia ha incrementado el desarrollo general del país, España ocupa un lugar puntero en el mundo y la desigualdad se ha mitigado. Pero estamos manteniendo tasas de pobreza insoportables, que se restañan mediante sistemas de protección social insuficientes (la inflación ha generado ya aumentos inaceptables en los indicadores). Y los grandes servicios públicos, que por definición constitucional han de ser universales y gratuitos, no ofrecen la calidad que les permitiría vigorizar el ascensor social y tender una eficaz red inferior que impidiera a la gente descender por debajo de determinado umbral.

La situación social de Andalucía ha sido remarcada estos días por analistas que la exhiben precisamente para activar el debate político. Y lo cierto es que han tenido poco éxito. Sea como sea, el análisis de situación es terco, y confirma la tesis de que la pobreza y la abstención electoral van de la mano. El periodista Javier Martín-Arroyo ha descrito así la situación en un periódico de ámbito estatal: «La distancia entre la población pobre y la clase política es a menudo sideral. Y esa enorme brecha, que va en aumento, según los expertos, es triple: las Administraciones no atienden sus necesidades y las carencias se hacen crónicas, mientras las familias no escuchan a los políticos porque consideran que hablan otro lenguaje». Y esa masa casi se ha duplicado en Andalucía con la crisis del coronavirus: de los 600.000 andaluces que se encontraban en 2018 en situación de «exclusión severa» (con carencias en al menos cinco de los ocho aspectos sociales analizados) se ha pasado a 1.100.000 en 2021. En solo tres años, el porcentaje ha pasado del 7,2% al 13,9% de la población, según el informe de la Fundación Foessa, de Cáritas España, para 2022. ¿Tiene remedio esta desconexión entre la clase política y la base más humilde de la pirámide, traducida en una altísima abstención, de hasta el 50% en algunos barrios?

La relación directa entre la exclusión social y la participación política, que es un hecho (diversos estudios verifican que los electores de las bolsas urbanas de pobreza no van a votar), se debe a la profunda desconfianza que inspira en la gente la política en general y los partidos en particular. El PSOE asumió durante cuarenta años el liderazgo en Andalucía con más clientelismo que imaginación creativa, con más paternalismo que reformismo, y a ese partido hay que atribuirle el despegue material de la región, que, como se ha dicho, no ha sido suficiente para impulsarla hasta los promedios de riqueza y desarrollo españoles. El caso de los ERE, una mezcla de corrupción estructural y falta de escrúpulos, ha arruinado además el prestigio de la formación política que alentó las redes clientelares. El PP, por su parte, aliado de las clases altas andaluzas, llegó al poder en 2019 cuando el partido conservador sufría las consecuencias de su propia corrupción, que lo expulsó del poder a través de una moción de censura. El binomio PP-PSOE depende ahora de otras formaciones, de las dos ofertas de la izquierda y de Vox, para desembocar en un equilibrio gobierno-oposición.

Estas notas se publican a las puertas de las elecciones y su objetivo no es influir en ellas sino apenas recordar que el día después seguirá pendiente una ardua tarea de rescate y reconstrucción. El recuento de la abstención permitirá a los futuros administradores andaluces informarse de dónde están las bolsas de miseria cuya desafección ha hecho estragos y el pesimismo permanece. Los partidos, que –según denuncias inquietantes— ya apenas pisan estos territorios hostiles, deben regresar a ellos y no fiar a las ONG la tarea de la beneficencia, que ha de ser sustituida por las de la redistribución y la equidad. Y sería hermoso comprobar que, tras el barullo inevitable de la formación de gobierno que nos aguarda, los equipos que surjan de las urnas antepongan esta urgente labor social a cualquier otra. Andalucía debe despegar y superar sus traumas localizados de impotencia y paro. No se logrará aquello sin empezar por eliminar la pobreza.

Compartir el artículo

stats