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Diario de Mallorca

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Hoja de calendario | Baremos internacionales

Hace tiempo que las viejas democracias han perdido sus escrúpulos en las relaciones internacionales, que se han relajado con el fin de la Guerra Fría. En tanto esta pervivió, las potencias tenían modo de imponer determinados criterios a su respectiva área de influencia, pero hoy tal cosa es imposible, y, lejos de constatar el fin de la historia que pronosticaba Fukuyama (el éxito definitivo del humanismo democrático, ya sin enemigos), estamos a punto de resignarnos a que otras culturas, con otros códigos nada democráticos y más bien claramente autoritarios, adquieran carta de legitimidad a los ojos de Occidente, como si fuera perfectamente natural que una parte de la humanidad viviera en la indigencia moral, bajo imposiciones.

Viene esto a cuento de que en Hong Kong las libertades civiles se van agostando hasta extremos insoportables. China no está dispuesta en absoluto a mantener indefinidamente las libertades democráticas en un territorio que disfrutaba de ellos y que ha regresado a su soberanía. La noticia del cierre del Stand News, el periódico que mantenía la llama democrática, y del encarcelamiento de sus periodistas, no ha provocado apenas reacciones oficiales. Ya se sabe que China es lo que es pero la necesitamos para que nos facilite componentes baratos. Lo acabamos de ver.

En Rusia, se ha desmantelado la ONG Memorial, que defendió los derechos humanos, satanizaba el estalinismo y procuraba resarcir a sus víctimas. Y tampoco ha habido represalias. Quizá ni siquiera las haya cuando Moscú termine de ponerla bajo su bota.

Este es el relativismo moral que muchos temíamos al fin de la Guerra Fría.

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