Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Javier Cuervo

Artículos de broma | Apocalipsis o Marte

Iba a comprar velas para el apagón, pero no tenía donde guardarlas porque el papel higiénico del confinamiento aún atesta el armario. Todo ese rollo viene de cuando el futuro parecía una mierda. No ha mejorado: apenas la realidad coronavírica escampó con la vacunación, llegó la tormenta perfecta de mercancías con fuerte aparato eléctrico. En cuanto a la ficción, sigue con las bajas presiones de las distopías, modelos indeseables de mundo, y amenaza borrascas con historias postapocalípticas en las que hay que tener instituto de rata y resistencia de cucaracha para seguir vivo.

En las religiones, el neoliberalismo coincide con el punk en decirle a los chavales que no hay futuro y los mensajes de los medios de comunicación repiten dos expectativas: el apocalipsis y Marte. Después de la pandemia nadie se atreve a afirmar que no vaya a suceder algo que pueda ocurrir. Aunque sea un fenómeno limitado, los telediarios se inician con ríos de lava, la inflación parece volcánica y una vez terminada la cumbre climática de Glasgow, «el último intento de salvar el planeta», hay un empeño tímido en presentar como relevantes algunos acuerdos. Game over.

El apocalipsis lleva emitiéndose desde que empezó el siglo XXI con el corcel rojo de la guerra de las civilizaciones. Ahora estamos en la galopada del caballo bayo de la peste y el negro del hambre pasta en nuestros descampados. La serie, aunque mantiene la tensión en cada temporada, avanza lentamente.

Para la alternativa de Marte, si la nave despega antes de que palmemos todos, se están invirtiendo fortunas en un futuro humano que asegure una vida subterránea en el planeta rojo. Ese dispendio demuestra que en la Tierra sobra dinero en las manos inadecuadas. Hay una minoría de la especie, bisnieta de provincianos, nieta de nacionalistas e hija de cosmopolitas preparada para tener una mentalidad intergaláctica. Me siento poco concernido por Marte. Me dan pereza las mudanzas. Tampoco me atrae hacerme un selfi en el apocalipsis. Hay que ser más apocalíptico y marciano para este presente.

Compartir el artículo

stats