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Sólo hay un par de partidos de fútbol cada semana pero los periódicos deportivos —que son, de lejos, los que más se venden y más se leen— tenían que inventarse cada día una noticia con la que abrir la portada. Ahora que las ediciones importantes son las digitales, la necesidad de novedades se ha multiplicado de forma exponencial. Más o menos cada hora es preciso cambiar los titulares buscando, encima, asuntos capaces de llamar la atención de los lectores. Ni que decir tiene que si era imposible contar con una noticia nueva al día, se vuelve bien complicado encontrar más de veinte.

La solución consiste en marear la perdiz haciendo dar al bicho una y otra vuelta, hasta llegar a mil, como poco, al mismo poste. Con motivo de la renovación del contrato de Leo Messi por parte del Barça se repitieron las mismas palabras, ordenadas de igual o diferente manera, hasta que al cabo resultó que se iba. Desde entonces la melodía de fondo ha cambiado pero se sigue sacando zumo a esa naranja exhausta especulando con lo que podía haber sucedido y con los por qués del cambio de guion. Ahora estamos con la cantera, en principio inagotable, de quién será el sustituto del insustituible. Es sólo un ejemplo; con Cristiano Ronaldo en el Real Madrid sucedió algo semejante aunque la celeridad de su salida frustró muchos artículos de fondo de esos que se quedan, por necesidad, en la superficie.

Pero de lo que habría que hablar no es de fútbol sino de política y, en concreto, de la tendencia a repetir el planteamiento de la noticia continua. Cuando no son las encuestas, que se suceden a cada poco por más que no haya ni por asomo elección alguna al alcance de la vista, son los rifirrafes y las maniobras tendentes, en los últimos tiempos, a enmendar las decisiones de los tribunales. La diferencia, quizá, es que noticias nuevas sí hay; de hecho, abundan, aunque quizás por contagio del mundo del fútbol se tiende a sacarle rédito a la misma sin plantearse que quizá tenga fecha de caducidad. Lo malo de ese vaivén permanente es que las verdaderas noticias políticas, que no son las de los sondeos de valoración de los líderes, se dejan de lado. Ateniéndonos al significado de la política, es decir, al manejo de la polis, de lo que habría que hablar es de la eficacia de nuestros administradores públicos en asuntos de tanto alcance para los intereses de los ciudadanos como puedan ser los de la sanidad o la economía, por referirnos a los más relevantes de la crisis que tenemos sobre los hombros. Pero de eso apenas se dice nada, como no sea en clave de insulto. Se presta una atención desmedida a las supuestas maniobras para situarse dentro de un partido o de una coalición y de los intentos de mover los sillones ya ocupados. Cómo se administra desde los ayuntamientos al propio Gobierno, no interesa. Quizá porque tampoco preocupa a quienes deberían dedicar su tiempo a eso, a administrar los bienes públicos.

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