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José María de Loma

Palique | Dirección equivocada

La editorial Anagrama publica los diarios de Rafael Chirbes, leo en el taxi camino del primer afán del día. El afán está en un polígono industrial y aún no ha amanecido así que una punzada de emoción de tercera me recorre el ánimo. La máxima aventura a la que aspira uno es a perderse en las afueras.

Chirbes escribió Crematorio, verían la serie, con Pepe Sancho de prota y ahora se publican estos diarios póstumos que a buen seguro serán un gran material literario. Me fascinan los diarios. Todos somos personajes y hasta la vida más anodina puede contarse bien y hacerse interesante. Pero antes de enlazar frases de clase de literatura de la ESO y recomendarles otra vez a Josep Pla, levanto la vista del móvil, resisto la tentación instagramera, no hago caso a notificaciones de Twitter y bajo del taxi raudo e impelido por el afán del día. Bueno, también impelido por el hecho de que el taxista ha dicho: caballero, hemos llegado, ¿se baja usted o echamos aquí el día?

No crean que no he sopesado la segunda opción. Se estaba calentito en el taxi, sentado, con la radio dando una musiquita muy agradable y yo con mi móvil y el cafelito recién ingerido. Nada, que me he bajado. Absurdamente he pensado en si habría una librería para comprar lo de Chirbe, pero no hay nada de nada, excepto un amanecer tímido, naves industriales y un cartel en chino que dice «Compramos de todo, vendemos casi de todo». Me pasmo de lo bien que he interpretado el mensaje pero reparo rápido en que el letrero también está en castellano debajo del rótulo en chino. Ya me extrañaba. Al volver a leer la inscripción se me ocurre qué le dirían a un hombre que entrara al establecimiento y dijera que quiere vender su alma. Habrá tasadores de almas. Habrá almas de primera y de segunda, almas a buen precio y almas de segunda mano. Almas de naranja y almas de destrucción masiva. Y aquí estoy, perdido, sin gestionar el afán del día, elucubrando y palpándome los adentros por si tuviera alma. Alma que igual cambiaría por otro café. Este debe ser el único lugar de España en el que en doscientos metros a la redonda no hay un sitio donde tomarse un café. No sé si los chinos toman café, pero madrugar madrugan un rato, dado que la nave es la única que parece abierta. Sale un hombre. Me pregunto si saldrá desalmado. Cómo será la apariencia de los sin alma. Ni diario de Chirbes ni gestión resuelta. El día avanza y uno continúa con las mismas tareas pendientes. Eso por no hablar del reconocimiento médico y esa multa que hay que ir a pagar. Todo puede empeorar. Me llaman mis jefes y me mandan al fin la localización (ahora correcta) de donde debo ir. Me pongo a caminar y llego a una gasolinera. En su tienda tienen libros. Está el de Chirbes. Lo compro, pido un taxi y me voy a casa. Ya en la cama, cae un whatsapp: «¿Has llegado donde te dijimos?, hombre que no es tan complicado, alma de cántaro».

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