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Fernando Ull Barbat

Fernando Ull Barbat

Licenciado en Derecho

ETA, diez años después de su final

«Si los terroristas deciden dejar las armas

sabré ser generoso».

José María Aznar (3 de marzo de 1998)

Si hace veinte años me hubiesen dicho que llegaría un día en que ETA anunciaría su disolución dejando de asesinar, extorsionar a empresarios y que su máximo dirigente político iba a salir en la televisión disculpándose y mostrando su pesar y dolor por el daño sufrido por las víctimas de la banda terrorista, he de reconocer que me hubiese costado creerlo. A principio de este siglo ETA seguía matando. En concreto 23 personas en el año 2000 y 15 al año siguiente. Un tiempo que parece de otro mundo. Imposible aceptar que hoy día, en la época de las redes sociales y las compras por internet, se pudiese matar casi a cualquier hora del día sin esconderse o que se pudiesen colocar bombas trampa en los coches sin que nadie viese nada.

La posibilidad de que las muertes, la persecución diaria sobre los que se habían significado de manera clara contrarios a la violencia de ETA y a las ideas lunáticas de sus simpatizantes, acabasen en un plazo corto de tiempo, parecía algo irrealizable. Y sin embargo se hizo. El principal objetivo que tuvo José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno entre los años 2004 y 2011, fue acabar de una vez por todas con la violencia de ETA. Para ello tuvo que iniciar conversaciones con el sector crítico de ETA que, muy poco a poco, se había mostrado contrario a la utilización de la violencia y el asesinato como forma de imponer unas ideas absurdas y fanáticas. Zapatero supo jugar sus cartas. La primera fue crear la disensión dentro de la banda etarra. La segunda, la utilización de mediadores internacionales, un centro suizo llamado Henri Dunant, porque, como reconoció hace unos días en el diario El País, tenían comunicación directa con los dirigentes etarras. A mi entender esta gestión fue fundamental por cuanto se creó la apariencia de que se iba a producir una especie de internacionalización de ese supuesto conflicto vasco tan cacareado por el independentismo y nacionalistas más radicales. Fue un engaño de Zapatero a ETA y una manera de que los dirigentes etarras pudieran justificar a sus simpatizantes su disolución sin haber conseguido ni uno solo de sus objetivos. Y la tercera fue que al mismo tiempo que el Gobierno, por medio de Alfredo Pérez Rubalcaba, gestionaba los encuentros con el entorno de Arnaldo Otegi, la presión policial continuó dando sus frutos. Durante los años previos a la declaración de abandono de la violencia se detuvo a decenas de etarras que permanecen en prisión.

Sigue sorprendiendo la negativa de algunos a celebrar los diez años del fin de ETA. La derecha española más radical sigue repitiendo la cantinela de que ETA no ha sido vencida y que Zapatero claudicó ante ella. ¿Qué supuestos beneficios obtuvo ETA después de dejar las armas? Nadie lo sabe excepto los que defienden que la declaración del año 2011 de ETA anunciando el «cese definitivo de la lucha armada» fue un acuerdo secreto entre Zapatero y los dirigentes etarras. Solo los que aseguran que se produjo ese pacto secreto conocen su contenido, pero por supuesto, no quieren que nadie lo sepa. La conspiranoia y el negacionismo no son un invento de la pandemia de la covid-19. Viene de hace tiempo.

De los años previos al cese definitivo del uso de la violencia, el asesinato y la extorsión se recuerda, en cualquier caso, la actitud del Partido Popular. Ahora se sabe que mientras Mariano Rajoy acusaba a Zapatero de «traicionar a los muertos, hablar en batasuno y revigorizar a una ETA moribunda» era puntualmente informado de todos los avances que se daban encaminados a conseguir la desaparición de ETA sin ninguna contrapartida a cambio. El PP, con Rajoy a la cabeza, lideró manifestaciones acusando al PSOE de tratar de conseguir el fin de la violencia a cualquier precio, vendiendo España si era necesario y liberando a todos los terroristas presos. Una vez más la derecha española torpedeando la consecución de espacios de libertad conseguidos por los españoles con mucho esfuerzo y dolor. La valoración de la derecha española de las declaraciones de Otegi hay que enmarcarlas en el contexto político actual en el que la formación Bildu quiere integrarse en las instituciones democráticas como única manera de no desaparecer y para asegurar su futuro personal. Cuánto bien habría hecho la derecha española a la democracia si en 1977 el franquismo español hubiese pedido perdón a las víctimas del franquismo, es decir, a los familiares de las decenas de desaparecidos enterrados en cunetas de toda España, a los torturados en las comisarías de policía y a los que se les arrebató sus cátedras, sus bienes y su dinero, afirmando que sentían su dolor que nunca debió de haberse producido así como estar dispuestos a aliviar el daño causado tras largos años de dictadura.

Estos días recordamos a todas las víctimas de la violencia terrorista. Y desde el futuro que nunca tuvieron les decimos, mientras caminamos abrazados, que la democracia y la libertad lograron vencer al odio y el fanatismo. Y que nunca les olvidaremos.

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