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Miguel Vicents

El bono de la sabiduría

El Gobierno de Pedro Sánchez regalará a los jóvenes que cumplan 18 años un bono para que puedan acceder a la cultura. En realidad, para que puedan comprar libros, visitar museos o asistir a espectáculos musicales o teatrales, porque el acceso a la cultura no es una puerta que se abre automáticamente pagando una entrada en la ventanilla de un museo o adquiriendo un volumen en nuestra librería favorita. Precisa esfuerzo, empeño constante. Y a veces toda una vida no es suficiente para aproximarnos ni un milímetro a las altas cotas que alcanzaron los grandes poetas, novelistas, pintores o los músicos que hoy encabezan el canon occidental. Por eso, me parece cómico que el Gobierno confunda lo que es una empresa de toda una vida, una meta personal de conocimiento, una aspiración vital, con un regalo de 400 euros. Si así fuera cualquier imbécil con recursos podría convertirse en un sabio. Pero afortunadamente, ese tiempo todavía no ha llegado. El bono servirá para animar las cuentas de resultados de las industrias culturales tras la pandemia, sobre todo las que logren acceder a la tecnología necesaria para aceptar la tarjeta canjeable mientras dure la ayuda. Y poco más. Los jóvenes no serán más sabios ni el Gobierno más justo.

Más rentable y necesario sería realizar esa inversión en educación pública, tan necesitada, en dotar de más medios y más profesores a los centros escolares e institutos, en lograr que ningún estudiante del país se vea obligado a pasar la etapa más importante de su formación académica en una indigna aula prefabricada, en un programa de becas que nos iguale con los países de nuestro entorno y en devolver a la escuela pública el objetivo de la excelencia, relegando de una vez el nefasto igualitarismo que todo lo empeora.

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