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Diario de Mallorca

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Elena Fernández-Pello

Con el culo aire

En agosto de 2019 la parroquia de San Cibrao, en el municipio lucense de Cervo, festejaba la fiesta marinera de A Maruxaina, una celebración popular, ancestral, que se disfruta y se vive en la calle. A falta de urinarios públicos la costumbre era buscar refugio en un callejón para aliviarse discretamente, un uso de lo más normal, habitual en romerías y verbenas. Hasta que no se idearon los equipamientos portátiles era la única posibilidad: se pasa toda la jornada lejos de casa, se bebe, y si no hay ningún espacio a propósito o, si el que hay se queda corto, se desahoga uno en un rincón, donde no le vean y no se moleste. De lo más corriente.

Lo que no es tan normal es lo que pasó aquel verano en A Maruxaina. Antes de que empezaran las celebraciones, deliberada y planificadamente, alguien instaló cámaras en el callejón al que en las festividades se le da ese uso. Eran cámaras equipadas con sistemas de visión nocturna y alta calidad de grabación, colocadas en varios lugares estratégicos y bien camufladas.

Nadie notó nada entonces y pasó mucho tiempo hasta que se descubriera lo que había sucedido allí. Fue cuando las imágenes de mujeres orinando, con los genitales al descubierto y el rostro bien visible, empezaron a circular por las redes sociales y acabaron en manos de amigos y familiares de las víctimas de las grabaciones. A Maruxaina aparecía como reclamo de un enlace en una página porno, las imágenes se distribuían en varias webs y para acceder a los contenidos, en algunos casos, había que pagar. Las faldas tradicionales que las mujeres visten en ese festejo, arremangadas para facilitar el desahogo, añadían un toque folclórico que para algunos usuarios elevaba el interés morboso de las imágenes.

En A Maruxaina se grabaron imágenes de cientos de mujeres, también de hombres, orinando, con los genitales al descubierto y perfectamente identificables. Las de 85 mujeres fueron expuestas en páginas de contenido pornográfico. Las grabaciones fueron editadas y se eliminaron las imágenes de los hombres. La difusión de las imágenes constituye una humillación para quienes aparecen en ellas y a ojos del común de los mortales supone una intromisión en el espacio personal. La justicia, sin embargo y reiteradamente, lo niega. Por dos veces ha archivado la denuncia de las afectadas y la Asociación Mulleres en Igualdade de Burela, personada en la causa como acusación popular. El juez entiende que como las mujeres eligieron la vía pública para hacer sus necesidades renunciaron a su intimidad, sabían a lo que se exponían y no tienen derecho a quejarse. Es la misma lógica, perversa y rancia, que se aplica cuando se justifica una agresión con una minifalda o un escote pronunciando, con la excusa de que van provocando.

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