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Alex Volney

El tablero trucado

Puigdemont abandona la prisión de Cerdeña sin medidas cautelares EP

Escribo esta humilde opinión cuando hace unos minutos que el President Aragonès, que nerviosos pone a algunos la inclusión del gentilicio y el nombre por el mismo precio, anuncia su viaje a Sardenya. Como ustedes saben, el mismo espacio Shengen que acabó con los controles fronterizos comunes, proponiendo funcionar con una sola frontera exterior, todo ese territorio compuesto por veintiséis estados que desde 1995 han ido limando asperezas, se encuentra ahora con la patata caliente de la unilateralidad en la interpretación de sus leyes.

El expresident y eurodiputado Carles Puigdemont se encontraba pasadas las siete de la tarde del pasado 23 en el vuelo de Rayanair de Bruselas a l’Alguer. Dos horas más tarde se producía la detención. La balanza, una vez más, se dirime entre las soberanías de los estados o la de los pueblos o, mejor dicho, en el debatido carácter federal de la Unión Europea y el punto de inflexión al que nos puede llevar este nuevo reto. La controversia en la Constitución europea, federal o no, sigue siendo la madre de todas las batallas. ¿Puede un estado miembro interpretar la ley a su antojo? Si es así ¿No sería gran contradicción que una parte del Estado español, Catalunya, no cometiese ningún delito al hacer exactamente lo mismo? ¿Dónde están los límites de las soberanías respecto a las leyes?

El sistema de Información de Shengen ha sido el mecanismo de aviso ante el desplazamiento del eurodiputado Puigdemont, pero ¿eran estas sus atribuciones o estamos ante una interpretación del todo unilateral por parte de un importante miembro de la UE?

La derecha más a la derecha anuncia eufórica la patada en el «tablero catalán». Por otro lado, la parte independentista más maximalista sigue con aquello de «Europa ens mira» y todo en un contexto económico que es algo parecido a la absurda discusión de «qué tema tocamos» por parte del violinista en el mismo hundimiento del Titanic. La campaña que triunfa: el cuanto peor, mejor.

El Sr. Puigdemont llega al aeropuerto de l’Alguer, todo muy simbólico la verdad, con la tranquilidad de haber visto suspendida la orden de detención el pasado 30 de julio. Y según diversas fuentes es arrestado mientras se disponía a reunirse con «alcaldes independentistas sardos» y todo en «virtud» de una orden de detención internacional cursada por el Tribunal Supremo por la causa de «sedición» del 1-O.

Carles Puigdemont probablemente pasará a la historia por haber evitado , con las contradicciones que quieran, un baño de sangre el 1-O de 2017. Sí, compárenlo con el papel del mismísimo Donald Trump en el asalto al Congreso de los USA. Mientras termino esta breve reflexión puede que la balanza ya se haya decantado de un lado o del otro, pero el reto seguirá siendo el auténtico calibre federal de la UE y va a seguir en el centro de cualquier conflicto y su posible solución en una Europa que también observa con recelo la creación de una sola frontera más, pero que ve las constituciones para ser cumplidas. Parece ser que se prefiera que el primer ejemplo venga de sus autoproclamados defensores, esos agentes políticos de la involución que todavía pretenden que lleguen, ante la crisis, más fondos europeos. Algunos son europeos cuando les conviene. La patada en el tablero la da siempre aquel que no atiende o no sabe las normas del juego. Tanto la extrema derecha como el mundo independentista más intransigente ya tienen su enésimo choque de trenes y la interrupción, de facto, de la mesa de negociación y la consecuente aproximación de ambos gobiernos. Lo han conseguido. Enhorabuena. Polarización todavía más extrema es lo que se atisba en el horizonte, todo bastante sospechoso.

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