Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Pedro Coll

Imbécil

Tokio, 2013. Pedro Coll

Eso va de palabras.

Para llegar donde quiero llegar debo comenzar por la elección que, en abril de 2011, llevó a cabo el Instituto Cervantes de la que podría ser ‘la palabra de las palabras de la lengua española’, o por lo menos ‘la más bonita’. Una especie de concurso abierto a la gente de a pie, también con participación de nombres conocidos internacionalmente. Hubo más de 33.000 propuestas. La palabra finalmente elegida fue ‘Querétaro’ y, ni entonces, ni aún hoy, he conseguido salir de mi asombro por la originalidad del resultado. La propuso Gael García Bernal, el actor mexicano, elogiando el origen mexicano de la palabra y poniendo especial atención en la peculiaridad de su «u» muda. Sorprendentemente, ‘Querétaro’ acabó abriéndose paso entre otras más esperables, como ‘amor’, ‘paz´, ‘alegría’, ‘flamenco’, ‘deseo’..., que seguro debieron estar en la última criba. Sí sabemos que a la ganadora la siguieron, por este orden, ‘sueño’, ‘gracias’ y ‘libertad’, mucho menos llamativas, elegidas y propuestas por Luis Rojas Marcos, Raphael, sí, el españolísimo Raphael con esa ‘ph’ tan española y Mario Vargas Llosa, cómo no. Por cierto, ni rastro por entonces de ‘bandera’, que en fecha de hoy dejaría a ‘Querétaro’ en el anonimato más absoluto.

Esto ocurrió el ‘Día del Español’ (del idioma español), celebrado en 2011, efeméride anual. Aunque el resultado obtenido resulte simpático huele a gesto de buena voluntad hacia el mundo hispanoamericano, en concreto hacia uno de los países más beligerantes en todo lo que concierne al descubrimiento de América y los desmanes generados por su colonización. Un bonito detalle que de nada debió servir, porque se trata de un tema envenenado e insalvable. Y si la cosa siempre estuvo cruda, el incendiario y cuasi-ario Abascal acaba de decidir echarle gasolina al fuego. La manera en que García Bernal hizo la propuesta tiene un toque poético y fresco, una lección para algunos participantes en la competencia, más versados que él en el uso de la lengua común: «Hay una palabra que me encanta que es Querétaro, una ciudad de México, Santiago de Querétaro. Siento que no existe palabra más bella en el idioma español, además, escrita es preciosa, es larga y tiene esta combinación de la ‘q’, la ‘u’ y la ‘e’ en la que la ‘u’ es silenciosa, y es necesaria esta condición (silente) porque, si no fuera así, querer no sería querer». Querétaro significa ‘isla de las salamandras azules’, en lengua precolombina. Chirriante, para los crecidos patriotas muy patriotas de ahora, el hecho de que entre la infinidad de palabras españolas posibles la elegida como la más bella tuviera origen precolombino, o sea, ‘sudaca’.

Ha pasado de todo ello más de una década y las cosas han cambiado. Y aunque parezca imposible, no para mejor. Llevamos demasiado tiempo en pendiente de caída. Así que propondría para el próximo ‘día de la lengua española’ la búsqueda de una palabra que fuera contundente, y útil, para resolver sin llegar a las manos situaciones extremas cada día más corrientes en nuestra difícil convivencia.

En la tormenta perfecta en que andamos metidos ya no estamos para poéticos juegos florales. Así que, pretendiendo ser más práctico que exquisito me decantaría por ‘imbécil’. Se trata de una palabra rotunda, redonda, que te llena la boca y cuando estalla -consecuencia de la compresión/descompresión ejercida por los labios, probadlo, decid ‘imbécil’ con ganas- estalla de manera sonora y compacta; en casos, puede ir acompañada de minúsculos e inofensivos perdigones de saliva, que deberían no ser intencionados. Dicho así parece algo agresivo, pero nada más lejano de la realidad a la vista de lo que se oye, se lee y se dice a diario. Y pienso que es perfecta como cierre y punto en boca de todo debate envenenado. Un cortafuegos. También un desahogo necesario. Lo que queda en el aire después de que uno le dé la espalda al imbécil y lo olvide, o por lo menos lo intente.

No es mi intención alarmar ni provocar, pero estoy convencido de que estamos ante un remedio, un instrumento necesario que, aún sabiendo que no hace amigos, busca prevenir males mayores. Además de su buena intención final, ‘imbécil’ tiene la ventaja de no transparentar ideología ni tendencia, como sí ocurre con ‘rojo’, ‘facha’, ‘indepe’ o ‘maricón’. Ni tan siquiera plantea problemas de género, es una auténtica panacea multidireccional que sirve para todos, para ellas y para ellos, para los de un lado y para los del otro, y también para los infelices de en medio. Y su libre multiuso viene legitimado por la posesión absoluta de la verdad inherente a la mayor parte de los humanos, muy en concreto de los humanos españoles. Se me ha ocurrido que podríamos empezar proponiendo el proyecto a Toni Cantó, para su lanzamiento. Es un chico hábil en mostrar energía ante cualquier situación, lo pongas donde lo pongas, vengan de donde vengan los tiros, un experto. Postulado por Madrid, la C.A.M. de IDA, para defender y promocionar la lengua española más española, estará necesitado de ideas y proyectos originales. Y no creo que se vaya a dar por aludido. ¿Él? ¿Por lo de ‘imbécil’? ¡Por favor!

Compartir el artículo

stats