Suscríbete

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Amparo Zacarés

Amparo Zacarés

Instituto Universitario de Estudios Feministas y de Género Purificación Escribano. Universitat Jaume I

De primeras | Noticias del día

En este verano, segundo de la pandemia, los noticiarios hacen referencia continua al aumento de la incidencia del virus, a la protección o no de las vacunas y a la ansiedad social que planea en un imaginario compartido. Noticias similares se extienden a diario por todo el orbe mostrándonos cómo, a nivel personal y colectivo, somos más frágiles de lo que creíamos. Esta dinámica es idéntica en todas partes por ser la covid-19 un fenómeno global con incidencia local. Se trata de una propensión informativa multiescalar puesto que, como advierte la socióloga Saskia Sassen, en la era de la globalización los acontecimientos son transfronterizos y solo pueden abordarse con escalas de observación y comprensión más amplias que las nacionales o locales. En estas circunstancias, la pandemia ha puesto en entredicho el proceso de mercantilización y americanización en el que están sumidas casi todas las culturas del mundo. Un proceso que se traslada a la opinión pública como irreversible y que cuenta con el capitalismo financiero como aliado. En este escenario, a decir de Paul Virilo, ha quedado evidenciado que «el progreso y la catástrofe son el anverso y el reverso de la misma moneda».

Me encontraba meditando sobre ello, cuando cayó en mis manos el libro de Marta Castanedo Alonso titulado Muerte, desastre y accidente, donde analiza la figura de Andy Warhol y el final del sueño americano. A primera vista, puede parecer que cuestiones vinculadas al pop art de los años sesenta del siglo pasado, no guarden mucha relación con el momento actual, pero no es así. La autora, con gran maestría narrativa, logra enlazar ambas épocas a través de la obra del artista y de las imágenes televisadas y fotografiadas que diariamente contemplamos. Con ello viene a recordarnos que seguimos anclados en lo que Guy Debord definió como la sociedad del espectáculo. Un tipo de sociedad que todo lo convierte en mercancía de consumo y que está interesada en hacer de la ciudadanía meros espectadores para que solo contemplen, pero no juzguen ni actúen. En este caldo de cultivo, Warhol destacó por apropiarse de los formatos de los medios de comunicación y de las estrategias de marketing de las campañas publicitarias.

Ahora bien, lo interesante de este libro es que se centra en las serigrafías que el artista realizó sobre esa otra cara de la moneda implícita en una forma veloz y frívola de vivir que se conoce como american way of life. Para ello, la autora pone el énfasis en las obras creadas en torno a las muertes ocurridas por accidente de tráfico, de aviación o por comida enlatada contaminada. Las fotografías de esos sucesos cotidianos aparecían en las portadas de las revistas y los periódicos del momento, pero nadie parecía tener en cuenta que aquellas muertes revelaban la ambivalencia de la sociedad del bienestar material. En este sentido, Warhol al descontextualizar la noticia y plasmarla como arte, ofrecía la oportunidad de contemplar las imágenes de aquellas muertes como una constante de la vida moderna y no como algo esporádico.

De igual manera que entonces, el número de víctimas anónimas producidas por el virus no parece que nos haya hecho reflexionar mucho. Quizás el impacto y la evaluación del riesgo sea mayor o menor en una generación que otra. Es lo que sucede entre la población más joven, que tiene poca resistencia a la frustración si no se cumplen sus deseos de comodidad y consumo. En cualquier caso, en general, quienes han hecho suyo un modelo aspiracional de vida reducido a bienes materiales, no quieren ver las dimensiones reales del desastre. Es cierto que la propaganda del progreso tiene su contestación y resistencia, pero aun así no parece que haya una toma de conciencia profunda ante la situación que estamos viviendo. Ni tampoco parece que sepamos que hemos inaugurado una nueva era cuya referencia cronológica medirá el tiempo con un antes y un después de la pandemia. Llevamos tiempo jugando un jaque mate contra el planeta y es hora de reaccionar. Razón de más para tomar distancia, aminorar la marcha, detenernos a pensar y preguntarnos hasta dónde queremos llegar.

*Instituto de Estudios Feministas y de Género Purificación Escribano -UJI

Compartir el artículo

stats