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Antonio Balibrea

EL MUNDO POR DENTRO

Antonio Balibrea

Sociólogo y periodista

Ecología sí, pero sin pobreza energética

Red Eléctrica Española facilita la transición energética.

Red Eléctrica Española facilita la transición energética.

Si nos dicen a usted y a mí que la factura de la luz depende de cómo nos llevemos con Putin, y de que acertemos en nuestras relaciones con Mohamed VI, el monarca de Marruecos o si quiere con Argelia, nos puede dar la risa, pero es para tomárselo muy en serio. La explicación que dan es que el precio se calcula en base al precio de la energía más cara ese mes.

El panorama en síntesis es el siguiente: Las energías más caras son las de carbón, las de ciclo combinado y las de cogeneración cuyas fuentes de energía primaria son combustibles fósiles como el gas natural o el gasóleo, son aproximadamente un tercio de la capacidad de producción instalada. Las térmicas de carbón son las mas contaminantes y las que España está cerrando y suponen aproximadamente un 10% de la capacidad instalada. Las nucleares están en torno al 20% y, en total, «la potencia instalada española cuenta a día de hoy con 109.674 MW de los que el 53% pertenecen a tecnologías renovables» (Red Eléctrica Española). Las energías más baratas son las renovables: eólica (26,5%), solar -térmica y fotovoltaica- un 8% e hidráulica. Si los molinos de viento no funcionan en la tarde noche, hay que echar mano de las de ciclo combinado que pueden trabajar durante las 24 horas del día, igual te producen al 100% que al 50% y las tienen al ralentí para cuando falta energía, y aun así importamos energía de las nucleares francesas. Las nucleares, o están funcionando o están paradas, no hay término medio, y algunas nuestras están sujetas a la moratoria para su cierre. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) pretende que el 74% de toda la generación eléctrica española sea renovable, en consonancia con el plan de la UE. Pero las centrales que garantizan la energía en momentos punta, o cuando el viento no sopla lo bastante, son las de ciclo combinado.

La energía primaria es en estos casos el gas natural. «España importa hoy el 43,4% de su consumo de gas de Argelia; el segundo suministrador es Nigeria con el 18% pero cuyo transporte es por barco». (Manuel Valencia. Diario Información 26-VII-2021). A España llega por dos gaseoductos, uno directo y otro a través del Estrecho cruzando por Marruecos. Aceptar las recientes pretensiones marroquíes habría supuesto un probable enfrentamiento con Argelia.

Algo parecido le sucede a Alemania, que importa el gas natural de Rusia a través de Ucrania. El enfrentamiento de Ucrania con Rusia ha limitado seriamente el envío de gas natural. Por otra parte, Trump boicoteó y amenazó con serias sanciones la construcción del nuevo gasoducto Nord Stream 2 por el Mar Báltico, al que también se oponen Polonia y Ucrania. Parece que la reciente entrevista de Joe Biden con Merkel habría apaciguado la situación y los americanos no piden la paralización de las obras. El gaseoducto es imprescindible para la economía germana.

Un tercer factor es la conexión gasística entre España y centro Europa, Alemania principalmente, al que los franceses se oponen por cuestiones «ecológicas», dicen.

El precio del gas bate récords y se debe, según dicen, a las restricciones rusas a la producción, y la fuerte demanda de China. Habría que añadir las inversiones especulativas en los «mercados de futuros» de los grandes fondos de inversión. Son compras con anticipación para revender luego. El precio de la energía que utilizamos es el precio de las centrales de ciclo combinado, además, estas centrales tienen que pagar los derechos de emisión de CO2, lo que encarece aún más. Aunque la mayoría de la producción sea de renovables, toda se paga al precio de la mas cara. Este es el sistema de cálculo del precio en toda la UE para conseguir el equilibrio en emisiones en 2030, por eso la subida de precios es general. En la factura española hay que añadir los peajes – coste de las redes de transporte y distribución- cargos- insularidad, fomento de renovables- e impuestos, es lo que el gobierno ha bajado del 21% al 10%.

Está bien penalizar las emisiones de CO2, incentivar y facilitar las inversiones en energías renovables, incluso la moratoria nuclear; pero eso exige ahorro en las facturas domésticas, eliminar la pobreza energética. No debemos depender de potencias extracomunitarias que pueden provocar graves desigualdades y problemas sociales que den al traste con el plan. La Comisión Europea debe solucionarlo, y revisar el sistema de cálculo de precios.

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