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Antonio Tarabini

Entrebancs | Semáforo verde sí, pero…

Nos hemos convertido en la única zona de España segura y abierta a la llegada del turismo británico, después de que el Reino Unido decidiera colocar a las islas en su ‘Semáforo Verde’ que permite a sus ciudadanos, a partir del 30 del presente mes, visitarnos sin tener que pasar a la vuelta por un periodo de cuarentena. La noticia sin duda es positiva, aunque podríamos morir de éxito si no consideramos sus perspectivas a medio y largo plazo.

Desde el ámbito sanitario, con sus inevitables errores, hemos conseguido que las islas alcancen unos niveles de incidencia del coronavirus lo suficientemente bajos para que el Reino Unido nos cualifique como destino turístico sanitariamente «seguro». Y curándose en salud, el Govern ha pedido al Ejecutivo estatal que fije controles en los aeropuertos de las islas para garantizar que estos visitantes llegan disponiendo de pruebas de coronavirus negativas (variable Cepa ‘Delta’). Y si se producen excesos, se eleven los controles ante posibles comportamientos que vulneren la normativa sobre la covid-19 (festorros P. de Toros). Y el Govern actuará con contundencia como ya hizo el año pasado, en referencia al posible cierre de los puntos más conflictivos.

Tal preaviso incluye a todos los ciudadanos residentes. Corremos el riesgo de considerar que ya hemos vencido la batalla del virus, cuando éste sigue vivo y coleando, haciendo caso omiso de continuar atentos a riesgos vigentes tales como mantener distancias, evitar ¡concentraciones!, suma y sigue. A su vez, es indispensable continuar con la tarea de alcanzar la vacunación del 70% de la ciudadanía en las fechas previstas (¿final julio?, ¿agosto?).

Dicho lo cual, sin duda ‘el Barómetro Verde’ sí puede (y debe) ser instrumento para la revitalización socioeconómica. La activación económica tiene como primer objetivo recuperar índices razonables de actividad que posibilite la creación de empleo. A fecha de hoy tenemos 150.000 personas «activas» que no ejercitan ninguna actividad productiva. 75.361 desocupados en las listas del Soib. Unos 25.000 (como mínimo) incluidos en los ERTE. Unos 50.000 (como mínimo) fijos discontinuos cobrando la prestación extraordinaria mientras esperan la apertura de los hoteles. Esta insostenible situación debe instar a las instituciones a trabajar decididamente en la reactivación económica en la diversificación de nuestro sistema productivo y en la mejora y aumento de la oferta formativa. Estas 150.000 personas necesitan incorporarse al mercado laboral lo antes posible y en las mejores condiciones, y que no tengan que sufrir sobrecargas de trabajo con la excusa de la recuperación económica o de la crisis provocada por la pandemia.

En el contexto empresarial, la reapertura de los alojamientos es lenta y escasa. Pero si se «consolida» el turismo inglés, añadido al alemán, se producirá la reactivación de la planta hotelera. Con el objetivo de que tales índices de demanda puedan prolongarse hasta finales de octubre. Meta posible, aunque no fácil. Pero a pesar de que se produzca una reactivación de la demanda, las pymes y autónomos son los que más han sufrido y siguen sufriendo el crack. Escasas pymes se mantienen activas. Unas se acogen a los préstamos del ICO, y otras a los ERTE. Recuperar la actividad es el objetivo, pero fácil no es. En estas fechas surgen múltiples líneas de ayuda (Govern, Consells, ayuntamientos…) a las empresas, especialmente a pymes y autónomos. Destacan los 855 millones de ayudas estatales a unas 33.000 empresas (17.000 empresas y 16.000 autónomos) que se beneficiarán de subvenciones que irán de 3.000 a 500.000 euros. De momento las solicitudes son muy escasas. Desde la Mesa del Diálogo Social para reactivar la demanda especialmente de las pymes y autónomos, se han ampliado, modificado, facilitado, y prolongado la fecha de solicitudes. Buena es la iniciativa de facilitar tal acceso, pero me temo (ojalá yerre) que también es causa de la baja demanda la dificultad «técnica» de las pymes (especialmente las más pequeñas) y los autónomos para formalizar sus expedientes de solicitud de la subvención.

Sin duda el ‘semáforo verde’ británico, sí. Pero la crisis estructural provocada por la pandemia, aún suponiendo que los buenos augurios se cumplieran, no tiene fecha de regreso a la «normalidad» de las exitosas temporadas turísticas . Desde mi perspectiva, y no sólo la mía, añorar con nostalgia el pasado puede significar un grave error. El modelo productivo turístico, hasta hace escasas fechas, incluido 2.019, se fundamentaba en el volumen y el precio. Sin recordar que la quiebra de Thomas Cook, multinacional vinculada a un modelo «cuantitativo» donde el volumen era la clave, sucedió precisamente en el año 2019.

Mirar hacia atrás como referencia, es inútil. Es imprescindible mirar hacia el futuro. Hay que diversificar nuestra actividad económica. Hay que superar nuestro modelo turístico basado en el precio, en la cantidad de turistas, y en la estacionalidad. Es imprescindible incluir la sostenibilidad de nuestra actividad turística. Hay que ordenar y priorizar los espacios turísticos, así como mantener el equilibrio entre recursos naturales y activos turísticos. Es imprescindible una importante inversión tecnológica, que afecte incluso a un cambio en los procesos. Ha llegado la hora de presentación de proyectos para acceder a la financiación de los fondos UE (Next Generation) para desarrollar modelos estructurales sostenibles.

Concluyo con un aviso para navegantes. Atención a las posibles reacciones a los centenares de contagios en distintos viajes estudiantiles en Mallorca.

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