Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Antonio Papell

Artículo de papell

Antonio Papell

#Casado contra Ayuso

Se ha recordado recientemente, al conmemorarse el vigésimo quinto aniversario de la llegada del PP al poder en España tras las elecciones generales de 1996, que Felipe González, que quedó a menos de 300.000 votos de Aznar y podía haber pugnado por mantenerse en La Moncloa pactando con CiU y/o con IU, estableció el criterio de que debía gobernar el partido más votado, por lo que se apartó de la carrera y cedió el paso a quien efectivamente había ganado, aunque por poco, las elecciones.

En aquella época, funcionaba el bipartidismo imperfecto, tras fracasar los escasos intentos de organizar un partido bisagra, y nada indicaba que fuera a cambiar la situación, dominada por dos formaciones poderosas. Además, se pensaba —ahora se ve que equivocadamente— que la ley d’Hondt, que reduce la proporcionalidad y perjudica a las minorías, frenaría el surgimiento de otras organizaciones a derecha e izquierda. Y así fue hasta que todo el sistema saltó por los aires en un clima de descomposición a raíz de la inesperada y profundísima crisis económica de 2008, que truncó dramáticamente un proceso de crecimiento continuado que parecía no tener fin.

La crisis de 2008-2014, que en España fue en realidad una doble recesión, desacreditó gravemente a los actores políticos, que habían cultivado irresponsablemente una imposible burbuja inmobiliaria –Rato y Solbes, este por partida doble porque fue ministro de Economía antes y después de los ocho años de Aznar— fueron los responsables del desaguisado. Lo mismo sucedió con la crisis de las cajas de ahorros, gestionadas desastrosamente (y delictivamente en muchos casos) por políticos autonómicos y representantes de la patronal y los sindicatos. Y fue patente la desorientación de los gestores políticos, y no solo de los españoles: también de los europeos, que marcaron pautas de austeridad muy lesivas para la sociedad de la UE. Aquel descrédito de los partidos tradicionales auspició el surgimiento y el éxito de Ciudadanos, de Podemos y de Vox… que a la fuerza menguaron a los dos partidos tradicionales, PP y PSOE, hasta el punto de provocar la formación de la primera coalición de gobierno de la democracia, PSOE-UP. Y al otro lado, las encuestas afirman que, salvo sorpresa, la Comunidad de Madrid, que va a las urnas el próximo martes, habrá de ser gobernada por una coalición PP-VOX, ya que la formación comandada por Díaz Ayuso en la región no alcanzará la mayoría absoluta y Ciudadanos quedará fuera de la cámara madrileña por no llegar al 5% de los sufragios.

Hasta ahora, Casado ha hecho un esfuerzo por diferenciarse de VOX, por desmentir las semejanzas entre la extrema derecha y el PP, e incluso ha emitido criticas acerbas hacia la formación de Abascal, con argumentos ad hominem incluidos (en la absurda moción de censura que presentó Vox contra Sánchez sin tener modo de ganarla). Pero si se confirman las predicciones de las encuestas, Ayuso tendrá que aceptar, y aceptará, pasar por las horcas caudinas que le imponga Vox. La presidenta en funciones ya ha declarado que si tanto interés tiene la izquierda en que no gobierne VOX es votándola a ella… o permitiéndole gobernar en minoría, como hizo una fracción del PSOE (tras expulsar a Sánchez con malas artes) con Rajoy en 2016.

El país está demasiado caldeado para permitir una solución magnánima de este tipo: no se entendería –los ciudadanos no entenderían— que la izquierda permitiera gobernar a Ayuso en minoría, por lo que las propias circunstancias impulsan el pacto PP-VOX. Pero Casado será muy criticado por esta condescendencia. No solo aquí dentro sino en toda Europa (salvo el grupo de Visegrado, obviamente), y especialmente en Francia y en Alemania.

En definitiva, los intereses de Casado y de Díaz Ayuso entran en contradicción en Madrid, donde el discurso predominante parece favorecer a los extremos con relación a los partidos centrados. Es claro que UP y VOX se retroalimentan aunque no sean en absoluto simétricos. Con la particularidad de que UP va a la baja a medio plazo mientras VOX goza de buena salud frente a un PP desorientado y débil. Este es el dibujo de la realidad actual, bien poco alentadora por cierto.

Compartir el artículo

stats