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Debes cambiar tu vida

La pandemia en la que estamos sumergidos ha modificado sustancialmente nuestro estilo de vida. Ancianos fallecidos en las residencias, familiares y amigos ingresados en el hospital, algunos también con un resultado fatal, confinamientos perimetrales o domiciliarios, niños en casa en una formación académica no presencial, cierre de bares y restaurantes, grandes superficies y pequeños comercios enormemente afectados por la escasa movilidad, cierre de empresas, pérdidas económicas considerables y un largo etcétera que ocupa las páginas de los medios de comunicación. Algunos pensadores nos dicen que nada será igual después del coronavirus, otros intentan mantener el deseo que en algo se parezca a lo anterior, pero creo que absolutamente todos sabemos que deberá existir un proceso de adaptación al día después que el virus desaparezca o se oculte. Al respecto es muy recomendable leer las lecciones sobre la pandemia que nos dicta el filósofo y sociólogo francés Edgar Morin, quien a sus 99 años acaba de editar un libro magnífico que se titula Cambiemos de vía.

Deberemos cambiar de vida en muchas cosas. Unas obligadas por la ausencia de nuestros seres queridos, otras forzadas por la realidad económica que acompaña a la crisis sanitaria y las más, para adaptarnos a un estado de «vigilancia expectante», ya que este virus u otro cualquiera, pueden aparecer en cualquier momento, como ha quedado bien demostrado. Sería deseable que la vuelta a la «normalidad» nos permitiera enlazar con los objetivos supranacionales derivados de la estrategia sobre el cambio climático. Hay que cuidar el medio ambiente, el aire que respiramos, los alimentos que ingerimos, el agua que bebemos, el suelo que pisamos... La superficie del planeta se está deteriorando con una rapidez extraordinaria y la fina capa atmosférica en la que existe la vida aeróbica está cada vez más ocupada por partículas nocivas. Recuperemos la palabra, (rememorando el «decíamos ayer…») donde la habíamos dejado hace un año, pero con la mirada puesta en los planes más saludables que nos habíamos trazado.

Debemos cambiar de vida. Debemos modificar nuestro comportamiento destructor, no solo para disponer de un futuro mejor, sino para que el presente sea muy diferente. Algo a lo que no estábamos acostumbrados está sucediendo y nos altera no solo las acciones sino el pensamiento. Son días de reflexión sobre lo que ocurre y sus repercusiones, que serán inmediatas. El viejo dilema establecido entre libertad y seguridad se ha visto ampliado por el más actual ligado a la supervivencia, entre la salud o la economía. Sin la vida no existe el homo economicus, pero sin la actividad económica la vida se consume como si apagáramos una vela. Hay que hacer compatibles el máximo de libertad en un mundo suficientemente seguro, bajo el amparo de la ciencia y de la técnica, con otro planeta más sostenible, donde la economía se ponga al servicio de la calidad de nuestras vidas. Para ello, unas dosis suficientes de humanidad y de humanidades serían el cuerpo de la «pirámide Maslowiana», una vez alcanzados los mínimos básicos de sostenibilidad material.

El pasado está escrito en los restos de la maravillosa escultura de Apolo encontrada en las ruinas de Mileto (480-470 ac) y que inspiró a Rainer Maria Rilke (1875-1926) para ofrecernos un bellísimo soneto dedicado al Torso del Apolo arcaico. El poema termina con una frase célebre «Du musst dein Leben ändern» (Debes cambiar tu vida) y su autor nos muestra claramente esta indicación, después de quedar sobrecogido por la bellísima escultura que el tiempo nos ha legado, con todas sus amputaciones. Woody Allen utiliza el mismo texto para ilustrarnos sobre la difícil complicidad entre dos matrimonios, en una película (Otra mujer) de su estilo más característico. También Friedrich Nietzsche (1844-1900) se hace eco del poema de su amigo Rilke en sus composiciones literarias, y muy especialmente con su amor compartido por la extraordinaria y avanzada escritora rusa, Lou Andreas-Salomé (1861-1937), que bien merece un capítulo propio, y a quien Rilke dedicó este precioso poema de enamorado («Apágame los ojos y te seguiré viendo, cierra mis oídos, y te seguiré oyendo, sin pies te seguiré, sin boca continuaré invocándote. Arráncame los brazos, te estrechará mi corazón, como una mano. Párame el corazón, y latirá mi mente. Lanza mi mente al fuego y seguiré llevándote en la sangre»). La vida persiste a pesar de todas las dificultades y se impone por encima del dolor y de la muerte, pero «ahora es el momento de cambiar de vida».

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