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La recuperación incompleta del consumo

El consumo ha sido el principal responsable del deterioro de la actividad económica en 2020. Durante la primera mitad del año, el gasto de los hogares disminuyó un 27%, lo que explicó dos terceras partes de la contracción del PIB de la economía española. En apenas cuatro meses, la reducción del consumo duplicó la caída que tuvo lugar entre 2008 y 2012. El descenso sin precedentes del gasto familiar durante el primer semestre no será compensado por el repunte en el segundo, que rozará el 20%, ni por el avance esperado en 2021, que podría superar el 7%. La recuperación, por tanto, será incompleta.

Las causas del ajuste abrupto del consumo son tres. En primer lugar, las restricciones adoptadas para hacer frente al aumento de la incidencia de casos de COVID-19 y el incremento de la incertidumbre, que se manifiesta en un empeoramiento de las expectativas de los consumidores sobre la situación económica, han impulsado el ahorro en detrimento del gasto. Como resultado, la proporción de la renta que las familias ahorran superó el 22% en el segundo trimestre de 2020, una cifra sin antecedentes.

En segundo lugar, algunos de los determinantes del consumo, como la renta y la riqueza financiera, han empeorado de forma significativa en 2020, a pesar de la puesta en marcha de las políticas de soporte de ingresos de los hogares, como los ERTE o las prestaciones para los autónomos que han tenido que interrumpir su actividad como consecuencia de la crisis sanitaria.

Por último, el menoscabo/la merma del consumo se ha visto agravado/a por las repercusiones de la pandemia sobre la demanda de servicios. A diferencia de lo sucedido en la Gran Recesión, en la que las compras de bienes duraderos –como los automóviles, los electrodomésticos y el mobiliario, entre otros– lideraron la disminución del gasto, la magnitud del ajuste del consumo durante el año en curso ha sido mayor en las actividades de servicios que se realizan en sociedad, como la hostelería y el ocio, y en aquellas que involucran desplazamientos, como los viajes y el transporte.

Aunque ninguna comunidad autónoma sale indemne, las peculiaridades de la crisis actual generan diferencias regionales en el tamaño de la contracción del gasto de los hogares. Las compras presenciales con tarjeta realizadas por clientes de BBVA o en TPV de BBVA indican que aquellos territorios en los que la actividad turística juega un papel destacado, como Baleares, Madrid, Canarias y Cataluña, han registrado un mayor descenso del consumo en 2020. Asimismo, las comunidades autónomas más afectadas por la expansión de la COVID-19 y que, por tanto, más han restringido su actividad también han experimentado un ajuste del gasto comparativamente elevado; entre ellas, destacan La Rioja y País Vasco. Por el contrario, en las restantes autonomías, menos dependientes de los servicios de consumo social y del turismo, el retroceso de la demanda es inferior. Sobresalen Asturias, Extremadura y Castilla-La Mancha.

El comportamiento del gasto de los hogares no solo ha sido heterogéneo por sector y geografía, sino también por canal. La información de transacciones con tarjeta revela una propensión creciente a comprar online, en detrimento del consumo presencial. El importe del gasto con tarjeta en lo que va de año (hasta el 13 de diciembre) se ha reducido un 5,4% interanual, pero mientras que el consumo realizado de forma tradicional, acudiendo al punto de venta, ha caído un 9,6%, el realizado por internet se ha incrementado un 8,2%. En particular, destaca el avance en Murcia, Madrid y Cantabria. Como resultado, el peso del comercio electrónico en las compras con tarjeta se ha incrementado desde el 23% en 2019 hasta el 26% en 2020.

A la espera de que comience la campaña de vacunación, el desarrollo de la crisis sanitaria, la severidad de las restricciones necesarias para contenerla y la vigencia de las políticas contracíclicas que sustenten la renta de las familias condicionarán la evolución del consumo. La mejora esperada de la situación sanitaria repercutirá positivamente en el gasto de las familias, tanto por la desaparición de las limitaciones de movimiento y reunión como por la reducción de la incertidumbre, que contribuirá a transformar en consumo una parte del ahorro acumulado en 2020. Si bien la recuperación de la demanda será generalizada, las comunidades autónomas más penalizadas por el retroceso de las actividades de consumo social durante el año en curso experimentarán un mayor repunte del gasto de los hogares en 2021.

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