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Alex Volney

La banca y los patriotas (II)

En el pueblo donde nació el padre de mi madre, Palafrugell, visitado asiduamente por él mismo y por su padre, bisabuelo de servidor, se levanta, entre la Plaça nova i el Clos, el Centre Fraternal creado parece ser que por Eusebi Genís y Manuel Jubert gracias al auge de la industria del corcho. Todas las familias tuvimos alguna relación directa o indirecta con los trefines. Eran los tiempos en que la casa Eiffel había diseñado la fuente de la plaza y aunque su fundador fuese un apreciado conservador liberal, la cosa iba derivando hacia la tertulia de aire más progresista entre los artesanos. Ricos y pobres eran socios. El teatro y el baile llenaban de ruido las estancias con suelo de madera en una atmósfera cafetera y llena de humo que se podía cortar. Un banco daba la vuelta a sus cuatro paredes, antiguamente. Este era el auténtico ágora de Palafrugell donde se pudo escuchar de cerca a El noi del Sucre y es que antes de la guerra patrones, conservadores y gente de derechas compartían tertulias con anarquistas, marxistas o incluso algún comunista en un envolvente marco de tradición totalmente federal y republicana. Sí, antes de la guerra. Reuniones de hermandades o de cooperativistas a la vanguardia de un Estado español que veía el este con recelo y el nordeste todavía más. Los domingos por la tarde se llenaba hasta la bandera, fueran apasionados mítines o espectáculos con baile incluido. Para muchos esa era la única calefacción, una noche de tramuntana. Incluso se vivían los carnavales más alocados, luego, entre semana, la prensa del país sobre la enmoquetada mesa y en medio de todo ese ajetreo una biblioteca en el limbo, rellena de encuadernados lomos en piel que para consultar debían tener el beneplácito del vocal de turno.

A finales de los sesenta remodelaron y llegó la cafetera exprés y muchas cosas más. El autor Josep Pla, sí, otra vez, también asiduo del bar como mis parientes, inmortalizó sus paredes con la célebre ocurrencia de que las corrientes de aire movían, de vez en cuando, ese olor, esa «onada d’àcid úric federal», era el comienzo de lo que años más tarde hemos visto: quién saca más pecho. Tanto Dalí como Pla tuvieron padres que formaban parte de un todo con una gran cabecera de fondo: republicanismo federal y casi siempre anticlerical que es la auténtica tradición en el Ampurdán. Luego a ambos genios el esnobismo los fue distanciando de todo eso como es conocido y moda de aquellos años, muy en la línea del Miss Giacomini de Miguel Villalonga (hermano de Lorenzo), aburridísimo libro, y a la vez importantísimo, que cuenta con unos señores muy carcas y desfasados que el reaccionario escritor describe como federales progresistas, que son por supuesto los malos, ante la vanguardia fabulosa y esnob del fascismo que se avecinaba.

Es muy antiguo el desprestigio del modelo federal como lo es hoy en una parte más radical del independentismo que se agarra a los cuatro tópicos de siempre para continuar con la infamia cuando es más que centenaria tradición siempre vapuleada por la cavernícola derecha española de toda la vida.

Vaya coincidencias para una ancestral corriente que ya se encuentra sin ir más lejos en el testamento del Rei en Jaume que es uno de los documentos más avanzados en este sentido y un modelo para muchos países que vieron en este monarca, en la hora de su muerte, a un «estadista» muy adelantado a su tiempo.

Los tópicos: Alemania o Estados Unidos, en su organización territorial o incluso, fíjense ustedes, en la eficacia de la «federación» a nivel mundial cuando hablamos de fútbol, empezando por su localidad y acabando en la alta competición de este deporte. Cada uno defendiendo su color. Incluso es bien relevante que la antigua Convergència i Unió viniese de esta tradición que hoy se ve desbordada por cuatro o cinco nuevos partidos. La misma ERC, con un importante sector, viene de la raíz «rabassaire» que el president Companys supo en su día movilizar.

Sí, cuando llegó la guerra se acabaron para siempre las tertulias heterogéneas y se dividieron los tertulianos. El bar o centro de la patronal y de muchos vencedores, prohombres de las dos patrias, ya no sería el Fraternal. El bar de las derechas se situó muy cerca, en la misma plaza pero, en su lugar, hoy ya es historia, hay un cajero automático muy eficaz cuando funciona. Por otro lado, y cien años después, el Bar Fraternal reabre estos días de pandemia y continúa felizmente su bella historia que solamente el covid ha podido interrumpir. Ha conocido muchas etapas y les aseguro que es de visita obligada tanto como Can Mario, El Museu del Suro o la misma Fundació Josep Pla y el mas donde vivía el popular escritor.

Aunque esto del federalismo les suene a carca a los grandes entendidos de la política ahí está su renovado y acogedor vetusto bar con su preciosa fachada de catedral laica. Actualmente es más que un club y sus socios son propietarios. Para su explotación existe un convenio público- privado con el ayuntamiento gobernado por ERC en un contexto de globalización y de grandes cambios que amplía su clientela y la diversifica sin impedir las tertulias con el «Comité de Savis» o las reuniones de la correspondiente Revista. En la foto pueden observar su elegante y austero porte acabado de abrir de nuevo esta misma semana. Mucha suerte, enhorabuena y gracias por seguir estando ahí.

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