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Llorenç Riera

Lletra menuda | Una ciudad con dependencia exterior

Ha llegado el momento de la verdad. Después de unos días de espera para amortiguar sus propias contradicciones, el Govern levanta el cierre perimetral de Manacor. Ya no habrá a quien echarle la culpa. Todo queda a expensas del sentido de la responsabilidad de los manacorins y sus clientes. Lo decimos así porque durante estos días de clausura urbana rota una y otra vez, se ha divulgado en exceso la imagen de una ciudad solo comercial. Y Manacor es mucho más, incluido un lugar merecedor de salud, tanto individual como colectiva.    La restricción de movimientos en la capital comarcal muy convencida de tal condición, ha supuesto también una catarsis poliédrica de la urbe y sus moradores. En los momentos difíciles es cuando uno se retrata con mayor realismo. De lo ocurrido, cuando se serenen los ánimos, habrá que sacar conclusiones de madurez para afrontar el futuro inmediato con garantías de estabilidad.    Ahora, aún con los ecos del griterío organizado desde intereses varios, se ensaya un complejo juego de equilibrios. El Ayuntamiento llama a la responsabilidad al tiempo que enciende luces y anima el comercio. Las empresas pasan del “Se traspasa Manacor” al “Veniu a Manacor”. A la ciudad le ha quedado el miedo en el cuerpo. Ha aprendido que vive del auxilio exterior.

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