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Alimentar el alma

Premios a dos mujeres poetas

Estas últimas semanas quienes leemos habitualmente poesía estamos de celebración casi eufórica. Dos premios como el Princesa de Asturias y el Nobel se han otorgado a dos poetas, a dos mujeres que hicieron de la poesía su forma de escritura, algo que no suele ser habitual y que, desde luego, es poco comercial.

Anne Carson y Louise Glück han ganado, por méritos sobrados, los codiciados galardones. Más allá de cuestionar el conocimiento que pueda haber en nuestro país de la obra de estas dos autoras, lo que he pensado todos estos días es que resulta curioso que en estos tiempos tan inciertos, tan oscuros en los que, en ocasiones, parece que solo triunfa el «sálvese quien pueda» y «yo no he sido, que ha sido el otro», aparezca por un resquicio la poesía como si fuese una imagen de una flor en medio del asfalto.

Cuando explico poesía a mi alumnado les digo que traten de no entender lo que se dice, sino que, simplemente, sientan; igual que hacemos con una canción, con un cuadro o con una fotografía, y creo que ahí radica la importancia de que hayan sido dos poetas (y mujeres) las que hayan sido premiadas, tal vez para hacernos recordar que estos son momentos de sentir.

Esta sensación de montaña rusa emocional con la que llevamos desde marzo parece que ha pasado una factura extraña. Caer en un carpe diem equivocado es tan peligroso como vivir solo pensando en el mañana, esperando a que llame a nuestra puerta un futuro por el que hacemos poco. Y creo que es peligroso, sobre todo, porque me deja el regusto amargo de pensar que nos hemos vuelto tan racionales, tan pragmáticos, tan directos que la poesía, o el arte, en general, tienen que hacerse un hueco en el mundo a empujones.

El arte, en sus múltiples formas es el alimento del alma. Nos hace humanos, nos conecta con nuestro lado emocional y nos permite reír, llorar, sufrir, lamentarnos o alegrarnos; nos permite, en definitiva, sentir, gustar, amar lo que hacen otros seres humanos porque conecta con quienes somos o con lo que llevamos por dentro.

Durante las semanas más duras del confinamiento acudimos al cine, a la literatura, a la música como tabla de salvación cuando todo era silencio, y quienes amamos sentir a quienes sienten, echábamos de menos un cine, un teatro, una presentación de un libro, un concierto, un museo… Creo que hemos sido más de los que puede parecer a simple vista.

Hay que alimentar el alma de vez en cuando. Para que no nos devoremos por dentro, para que no olvidemos quiénes somos, para que, cuando parezca que nada tiene sentido, encontremos refugio.

Estamos de enhorabuena. Pese a todo, hay lugar para la esperanza.

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