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Antonio Tarabini

Entrebancs

Antonio Tarabini

La pandemia (II): La segunda ola

Después del confinamiento y del Estado de alarma, tocamos los efectos del coronavirus en nuestras carnes y nuestra economía

AV.- Coronavirus.- Aragón detecta 429 nuevos casos procedentes de 4.980 PCR

Sin previo aviso estamos inmersos en la segunda ola de la pandemia. Después del confinamiento y del estado de alarma, tocamos los efectos del coronavirus tanto en nuestras carnes como en nuestra economía. Durante aquella primera ola el virus seguía vivo pero debilitado, lo que nos posibilitaba superar estados de ánimos negativos y recuperar nuestra actividad turística. Parecía que estábamos en condiciones de entrar en la denominada “nueva normalidad”.

Había una cierta confianza en recuperar la actividad para, cuanto menos, salvar la temporada. “Un destino vacacional como Mallorca, con todas las medidas de seguridad sanitarias vigentes, podía reabrir de forma progresiva su oferta de ocio”. Pero la realidad ha sido otra, el virus sigue vivo y coleando ampliando contagios y rebrotes, dejando inactiva nuestra temporada turística. Las iniciativas para captar clientes en los meses mayo-julio, los pasillos abiertos con Alemania y el Reino Unido, tuvieron escaso éxito. Ahora se nos presentan largos meses de inactividad, “donde lo urgente es salvar familias, y proteger empresas y trabajadores”. ERTE, autónomos, pymes…

La pandemia nos ha robado el corto (y quizás el medio) plazo, y a su vez nos obliga a poner sobre la mesa nuevas perspectivas si pretendemos construir una economía competitiva ,inclusiva, sostenida y sostenible. Hay, haberlos haylos, que consideran que la pandemia ha sido un accidente; y en consecuencia confían en que la próxima temporada significará la recuperación de la plena actividad turística siguiendo el rastro de los excelentes resultados empresariales de anteriores temporadas. Hay otros, también haberlos haylos, que piensan que la próxima temporada alta puede significar recuperar una parte del mercado, pero la crisis seguirá viva. La nueva (?) normalidad exige revisar nuestro modelo productivo que, a pesar de ciertas iniciativas desestacionalizadoras, sigue basándose en una actividad y ocupación máxima en la temporada alta; y una contratación intensiva de personal bajo el régimen de fijos discontinuos y/o temporales/precarios. 

Ahora, quien más quien menos, ve “la solución” en los 140.000 millones de euros a fondo perdido que la Unión Europea destina a España. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hace escasos días en un tono sobrio en su primer discurso ante el Parlamento Europeo sobre el estado de la Unión, recordó que el Fondo Europeo de Reconstrucción está destinado a superar los efectos de la pandemia de la Covid-19. “La pandemia no sólo ha estancado el progreso, sino que nos ha hecho retroceder” (F. Gates), en consecuencia los fondos estarán supeditados a la ejecución de reformas estructurales y a la modernización del modelo económico Incluyendo factores tales como la reconsideración de las pensiones, la promoción de una cohesión social inclusiva que supere la desigualdades estructurales. 

La epidemia sigue activa, aunque nuestra comunidad sea de las pocas autonomías que reduce las incidencias de la segunda ola. Por las prisas llegamos al verano, y por intentar perjudicar lo menos posible a la economía, se precipitaron algunas medidas. No hicimos los deberes, no fortalecimos las áreas que estaban a nuestro alcance para mejorar en ese tiempo del confinamiento, y nos ha pillado ahora este resurgimiento del Covid-19 con una baja preparación para hacerle frente. 

Hace escasas fechas la revista científica The Lancet publicó una carta de un grupo de científicos de relieve donde pedían, y siguen pìdiendo, una evaluación independiente de lo ocurrido en España con la pandemia. Según uno de sus impulsores, el epidemiólogo Alberto García Basteiro, “no es incompatible seguir luchando contra la pandemia con intentar identificar las fragilidades buscando soluciones y “no culpables”. El ministro Salvador Illa ha anunciado que los recibirá.

Concluyo acudiendo a Michael J. Sande, profesor de Hardward, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2018. Refiriéndose a la gestión de la pandemia: al principio se repetía la coletilla de “estamos juntos en esto”. Pero no era así. A medida que avanzaba el virus, se hizo más y más claro que aquellos que soportaban las cargas más pesadas y realizaban los mayores sacrificios, y que sufrían más pérdidas de vidas, eran aquellos que habían sido dejados atrás en la prosperidad de las últimas cuatro décadas. Pero las crecientes desigualdades y el atasco de la movilidad social convirtieron en una trampa el mantra de que todo el mundo puede triunfar si lo intenta. Una pandemia que subraya nuestra dependencia mutua, requiere un alto nivel de solidaridad social, pero las profundas divisiones y desigualdades nos hacen incapaces de desplegar el tipo de solidaridad que hubiera sido requerido para enfrentarse de manera eficaz a la pandemia”. A buen entendedor, pocas palabras.

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