Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Jose Jaume

Desde el siglo XX

José Jaume

El falangista Jorge Campos y los pusilánimes

La foto del líder de la extrema derecha arengando a los suyos bajo el pedrusco de sa Feixina contextualiza a la pusilánime Aina Calvo y a los inútiles de la izquierda incapaces de demolerlo

Que el presidente de Vox en Mallorca es de extrema derecha, falangista apolillado, no es novedad que deba sorprender. Tampoco que reivindique el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 contra la legalidad republicana que desencadenó la Guerra de España y dio paso a la peor de las dictaduras de nuestros dos últimos siglos de historia. Jorge Campos es lo que es, y por ello ha sido votado por un apreciable sector del electorado que lo ha situado en el Parlament. Campos no engaña o disimula muy poco lo que pretende, aunque en ocasiones le pierdan sus más queridas querencias. Es lo que le ha sucedido al referirse al golpe de Estado, el "alzamiento nacional". "La efeméride más importante de la historia contemporánea de España", declara el líder del nuevo fascismo mallorquín, que siempre ha dispuesto del suministro financiero radicado en Calvià. Al caer en la cuenta de que ha sobrepasado determinados límites, se ve obligado a precisar que no hizo apología del sangriento golpe de Estado sino que resaltó su enorme relevancia histórica. Es igual: Campos no es golpista porque no puede serlo, no dispone de los medios que le permitirían subirse al carro en el que se embarcaron sus admirados golpistas de 1936. Debe quedar establecido que el líder de Vox está amparado por la libertad de expresión, puede y debe, si así lo considera, expresar sus opiniones favorables a los militares sediciosos (esos sí, no los esperpénticos e incompetentes independentistas catalanes) y hasta a Franco, Hitler y Mussolini. La izquierda que clama ahora contra él (la consellera Castro es una de esas liberticidas a cuenta de una Ley de Memoria que no nació para censurar nada), solicitando medidas coercitivas es tan estúpida como antaño, además de profundamente antidemócrata. La libertad de expresión ampara, o debería hacerlo, tanto al fascista Jorge Campos y a los de su ralea, como a un pretendido rapero llamado Valtonyc, que no canta, insulta, pero al que le ampara el mismo derecho que a Campos a resoplar cretineces encadenadas.

Vayamos a la foto con la que Diario de Mallorca ha acompañado el lunes y martes las informaciones sobre el líder de Vox y su entusiasmo por el 18 de julio de 1936. Se le ve a la sombra del pedrusco, tan fascista como él, de sa Feixina. Es su lugar icónico, el espacio en el que reúne a los suyos. Por algo será, y ese algo no es otro que el recuerdo de lo que en la durísima posguerra, allá por los inicios de la década de los cuarenta del pasado siglo, inauguró el general Franco en recuerdo de un crucero, el Baleares, distinguido por haber cañoneado a civiles en la carretera de Málaga a Almería originando miles de muertos. En un acto de guerra el crucero fue hundido. Había que loarlo y los falangistas promovieron una cuestación para eregir el pedrusco. Dio dinero todo aquel al que se le solicitó. No existía la posibilidad de negarse. Con el pazo de Meirás ocurrió lo mismo.

Ese pedrusco, que sigue, inhiesto, es el que la inutilidad absoluta de una alcaldesa socialista, hoy delegada del Gobierno, Aina Calvo, no se atrevió a demoler, quiso "contextualizarlo" para permitir que Jorge Campos discursee bajo su advocación. El paso de Calvo por la alcaldía de Palma fue un ejemplo de inutilidad y cobardía, como lo es el de los actuales gestores de Cort, empezando por el nacionalista Noguera, que, aparte de sobar indecentemente el recuerdo noble y trágico del alcalde Darder, ha sido tan incapaz como inútil para acabar con el pedrusco. Un juez, de ancestros represores en el franquista Tribunal de Orden Público, ha bastado para que muerda el polvo de la vergüenza. La actuación de Arca no merece mayor comentario. Recuerda el pedrusco que el 18 de julio de 1936 fue el golpe de Estado más genocida de nuestra historia. Va de suyo que Jorge Campos tenga cobijo en su ominosa sombra.

Compartir el artículo

stats