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Los nuevos inquisidores

Mientras la Santa Inquisición defendía "verdades eternas", las que defiende la Laica Inquisición cambian con las modas de cada momento

Si usted piensa que la Inquisición ya no existe en España acierta y se equivoca al mismo tiempo. Acierta porque el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, que tanto atraso intelectual nos causó durante siglos, fue felizmente abolido en 1813 por las Cortes de Cádiz aunque todavía durante algún tiempo un clero retrógrado mantuviera un "Índice" de libros prohibidos mientras clasificaba como "gravemente peligrosas" películas en las que "cortaban" los besos, o desnaturalizaban diálogos que no les parecían aptos para españoles en permanente minoría de edad. Era la censura institucionalizada y el que no obedecía pagaba un precio alto tanto en esta vida como en "la otra" salvo arrepentimiento y confesión. De aquello no se salvaba nadie.

Pero usted también se equivoca porque ahora ha surgido otra Inquisición que ya no es santa sino laica porque no depende de curas pero que es igualmente represora de nuestras libertades. A diferencia de los antiguos, los nuevos inquisidores carecen de estudios específicos para acceder al cargo, pero les igualan en celo intolerante con los que disienten de sus opiniones y les amenazan con el ostracismo terrenal por no compartir sus dogmas sobre lo que a su entender es la corrección política de cada momento. Porque esa es otra diferencia, mientras la Santa Inquisición defendía "verdades eternas", las que defiende la Laica Inquisición cambian con las modas de cada momento.

Como la Santa ha dejado afortunadamente de existir, nos ocuparemos hoy de la Laica cuyos apóstoles se encuentran en la extrema derecha y en la extrema izquierda del espectro político. Ambos modelos coinciden en rechazar las modas e ideas que no les gustan a base de descalificaciones, insultos y gritos como si los decibelios aportaran valor a su aplastante falta de argumentos. Su aspiración última es apoderarse del espacio político y mediático y negarlo a quienes no piensan como ellos creen que se debe pensar... si es que lo que hacen atañe al pensamiento propiamente dicho. También coinciden en la pretendida pureza de sus posiciones que son absolutas y no admiten discusión, lo que les da una notable bajura intelectual porque una cultura es más sólida y rica cuántas más aportaciones e influencias recibe, cuanto más "bastarda" acaba siendo.

Por encima de esas similitudes hay diferencias entre los extremistas, porque los de derechas pretenden apropiarse de los símbolos y los de izquierdas de la cultura. Para ellos solos. Entre los símbolos están la bandera, el himno, la nación, el patriotismo, el honor etc. que configuran una realidad identitaria de la que excluyen como malos españoles (o malos catalanes) a los que no comulgan con sus ruedas de molino y que no ven inconveniente en sentirse a la vez mallorquín, español y europeo -pongo por caso- o que creen, como yo, que hay más patriotismo en no defraudar al fisco que en envolverse en cualquier bandera. El último ejemplo que se me ocurre es Erdogan apropiándose de la basílica de Hagia Sophia.

Los extremistas de izquierdas pretenden apropiarse de la cultura entendida a su manera, como si se la hubieran traído los Reyes (con perdón) Magos. Eso es más peligroso. Inventan con seriedad cosas como "Apropiación Cultural", definida como "la adopción o uso de elementos culturales por miembros de otra cultura", que son absurdas porque si algo define el mundo del intelecto es que no respeta fronteras, recibe aportaciones de todos lados y trata de superar los anatemas y los prejuicios. Usted y yo no seríamos lo que somos si no tuviéramos detrás a Platón, San Agustín, Descartes, Picasso y la misma Guerra de las Galaxias. Y una vez que esos fanáticos han decidido lo que se puede y no se puede pensar sobre raza, género, política etc. descalifican al que no está de acuerdo, le llaman fascista (que es un insulto polivalente porque igual da para un roto que para un descosido), e intentan cerrarle la boca impidiéndole publicar o boicotean sus conferencias con minorías organizadas y vociferantes. Clama al cielo que eso ocurra en las mismas universidades, cuyo nombre apela a la apertura de ideas. Todo el mundo debe tener derecho a expresar las suyas y al que no le gusten que se vaya al cine o que se quede en casa.

Estos asuntos han sido objeto de reciente controversia en los Estados Unidos cuando un grupo de intelectuales ha publicado una carta denunciando lo que llaman " Cancel Culture" que hace que muchos tengan miedo de decir o de escribir lo que de verdad piensan sobre asuntos sensibles (como la raza o el género) para evitar el ostracismo intelectual y laboral al que son sometidos los que no comulgan con la ortodoxia que marcan los nuevos inquisidores de la corrección política. Es triste que esto ocurra porque la uniformidad mental es empobrecedora, las neuronas se excitan ante un intercambio libre en el que las ideas fluyen con espontaneidad, se escuchan las del oponente con respeto y se espera la misma consideración para con las propias. Porque al final seguramente algo nuevo incorporaremos a nuestro análisis, que se habrá enriquecido con la discusión. Sin debate no hay progreso.

Ni los símbolos son patrimonio de la " derechona" ni la cultura es propiedad de la " izquierdona". Me dan mucho miedo los espíritus puros de un lado y de otro, los intolerantes, los que no dudan y creen estar en posesión de la verdad de manera excluyente. Porque acallan a los moderados y a base de gritos y de simplezas acaban llevándonos hasta Hitler y Stalin. Se atribuye a Einstein la frase de que "la estupidez humana y el Universo no tienen límites... y tengo dudas sobre el segundo". Pues eso.

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