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El desliz

Pan o circo

El Ayuntamiento de Palma no reabre los juegos de los parques públicos por falta de personal para desinfectarlos, pero mantiene sus planes de invertir millones en proyectos de interés social dudoso

Habló el domingo en este diario el alcalde de Palma a un año cumplido de su mandato, doce meses de los que tres los hemos vivido en una pandemia que lo va a cambiar todo. Bueno, casi todo. La crisis sanitaria y sus nefastas consecuencias no van a modificar algunas de las prioridades del Ayuntamiento de izquierdas, que sigue adelante con sus proyectos emblemáticos como si el coronavirus fuese una pesadilla de la que ya hemos despertado. Defendió José Hila poner nuestros escasos recursos al servicio de, por ejemplo, la conversión de la antigua cárcel en un gran centro de creación contemporánea porque en un momento como éste las administraciones públicas han de tirar de la actividad y generar ocupación. Hace dos días sus socios de Més se hicieron la enésima foto en Can Ribas, la fábrica de la Soledat que albergará un centro y escuela de circo cuya construcción arranca tras años de burocracias y con un millón de euros de presupuesto. Francamente, puede que sea porque me acaban de cobrar los impuestos municipales y sigo con un ERTE al cincuenta por ciento que veo el vaso medio vacío, pero a mí que me expliquen los criterios para la elección de los asuntos en los que se va a invertir el dinero público en esta capital en este preciso momento. ¿Son esas las necesidades urgentes de Palma?

Cuando finalice el estado de alarma, será la atención primaria la que soportará el peso de la detección y gestión de los nuevos casos de Covid-19. En esa parte del sistema sanitario, Balears ostenta una cifras pésimas de inversión y de ratio de médicos y enfermeras por habitante, las peores de España solo por delante de Ceuta y Melilla. En esta ciudad, el obsoleto centro de salud de Pere Garau que da servicio a 30.000 personas sufre plagas de ratas y humedades que lo convierten en un fangal; en plena pandemia las aguas fecales inundaron las consultas de pediatría. Me pregunto cómo harán para instalar la trinchera de la lucha contra el virus en semejante espacio que supone en sí mismo un riesgo para profesionales y usuarios. Govern y Cort se pasan la pelota, incapaces de aunar esfuerzos para encontrar rápidamente una alternativa, pero al vecino que ha de esperar su turno entre cartones mojados no le importa de quién son las competencias. Mil familias han solicitado plaza en las escoletas municipales, aunque se desconoce cuáles serán las ratios de escolarización motivadas por el coronavirus. En años anteriores la mitad de bebés se quedaron fuera, y la cosa no puede mejorar porque no se ha construido ninguna guardería. La proporción de alumnos por aula en colegios e institutos tampoco se rebajará sin dotar a Palma de más equipamientos educativos. No hay noticias de nuevas plazas públicas asistenciales para los mayores, los peor parados de la crisis sanitaria.

Hagamos como que esto no ha pasado y sigamos soñando espacios multifuncionales y elitistas, de interés social dudoso y mantenimiento carísimo, mientras los cines y los teatros permanecen cerrados. Un Ayuntamiento que no tiene capacidad ni para abrir los parques infantiles, el único ocio de los niños con las familias más empobrecidas que nunca, por falta de personal para desinfectarlos. Un Ayuntamiento desbordado por peticiones de ayuda de alquiler y para comida de personas que antes tenían trabajo y ahora no. A un Ayuntamiento así no le debería resultar tan difícil elegir entre pan y circo.

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