Suscríbete BLACK WEEK

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

De limpieza e higiene mental

Nos han robado el mes de abril, como decía Sabina en su canción, y la cuestión es que tampoco sabemos quién. Bueno, el caso es que este mes hay que borrarlo del calendario. La verdad -contaba ayer por la mañana la vecina del tercero a la del primero en el portal- es que se ha ido prácticamente volando entre adaptarse al confinamiento, intentar conseguir mascarillas, geles y guantes (del alcohol mejor no hablar, pues sigue desaparecido), ir a la compra como si fuera un entrenamiento para la antigua mili y limpiar. Sí, limpiar. Porque a estas alturas del estado de alarma nacional todos los hogares relucen y brillan con los primeros rayos de sol que entran por la ventana en esta primavera secuestrada. Pasar el día en casa da para mucho. Pues claro que la higiene mental, leer y aprender deben ser lo primordial. Pero nadie negará que presta más coger un buen libro y acomodarse en el sofá rodeada de limpieza que hacerlo mientras por el rabillo del ojo se ve el polvo sobre la mesita o las pelotillas debajo de la cama. Eso inquieta y desconcentra bastante. Además, mejor darle a la bayeta que ir a la compra: es agotador, física y emocionalmente. Porque mucha gente aprovecha ese rato para desahogar con el carnicero, el pescadero, la panadera, la cajera€ Y a la inversa. A la vecina del quinto le dijo hoy un tendero, mientras le despachaba unas rajitas de lomo fresco, que "los Picapiedra" -por Pedro (Sánchez) y Pablo (Iglesias)- quieren cortar internet a todo el mundo. Bueno, menos a vosotros los periodistas, pero al resto, nada. La gente los ve venir y saca sus conclusiones, si no precisas, para nada desencaminadas. Para enterarse de qué pasa no les hace falta chuparse las cerca de dos horas de discurso del Presidente el otro día por la tarde. La del quinto se encontró (también de la que hacía la compra) con una amiga que le confesó que a punto estuvo de lanzar tomates a la tele del aburrimiento. Quién le manda, pensó la otra, que justo cuando Pedro se entregaba a la oratoria ella disfrutaba bajo la manta en el sofá (y sin atisbar pelotillas de polvo por la alfombra) de un enriquecedor documental de historia. De Europa.

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats