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Susu Moll

LA MIRADA FEMENINA

Susu Moll Sarasola

Un pequeño gesto de Navidad

Más que nunca durante las fiestas navideñas nos acordamos de ellos, de los ausentes y de los más desfavorecidos. De los ancianos que se pasan la mayor parte del tiempo solos frente a su televisor. De los vagabundos que duermen sin techo en la esquina de cualquier calle.

¿Qué deben pensar al ver el fluir de la gente con las manos repletas de paquetes?

Nos hemos confundido si hacemos de las comilonas y el gasto la esencia de la Navidad. Si creemos que seremos más queridos en función de nuestros regalos. Si en vez de hacer compañía y disfrutar de los nuestros nos dejamos arrastrar por las prisas y el estrés de la calle. O si vivimos las fiestas como una mera obligación familiar para quedar bien.

Tal vez por eso me ha gustado tanto el pequeño gesto que ha tenido mi hijo en el metro. Yo estaba en el sofá viendo una película y me resultó de lo más interesante escuchar lo sucedido.

Parece ser que en la escalera mecánica del metro de Fontana había un individuo tambaleándose. Según me contó parecía de origen pakistaní.

La gente se apartaba y subían por la escalera fija para evitarlo.

En un momento dado mi hijo vio que iba a desplomarse y llegó a tiempo de agarrarlo en brazos.

Ya a salvo, fuera del metro, le preguntó qué le pasaba y este respondió que había bebido mucho y que no se encontraba bien.

Cualquier otra persona se hubiera alejado en ese momento, pensé mientras me seguía explicando detalles. Los borrachos no suelen tener buena acogida y más si nos son desconocidos. Pero mi hijo permaneció a su lado; le compró una botella de agua y contactó con su amigo para que viniera a recogerle. Esperó hasta que pudieran hacerse cargo de él.

Cuando se despidieron aquel hombre le dio las gracias y le dijo que era una buena persona.

Es sólo un pequeño gesto pero a mí me ha parecido que esa es la esencia de la Navidad. Ya sé que mirar a los que resultan invisibles para la sociedad no debería ser algo específico de estas fiestas. Pero al mismo tiempo los rituales navideños carecen de sentido si no los complementamos de buenas acciones.

En un mundo lleno de contradicciones donde los cambios suceden a una velocidad inimaginable por un momento he recuperado la fe en los más jóvenes. A veces parece que no se enteren de nada. Yo soy la primera en criticarlos cuando los veo escondiéndose tras sus móviles pero puedo constatar que cuando se lo proponen también pueden ser decididos y valientes.

Mi hijo ha sido un mal estudiante toda su vida, un trasto en toda regla. Lo han castigado mil y una veces, y me he pasado años de reunión en reunión defendiéndole.

Cuando me decía que era autodidacta yo le pedía que fuera más humilde. Me ha costado entenderle pero ahora le entiendo. No todos los niños son iguales. Nuestros hijos tienen mucho que enseñarnos. A veces ellos nos obligan a romper ciertos moldes establecidos. Y es tan importante aceptarlos tal y como son. No sólo de palabra sino también de acción.

Prefiero que sea un trasto valiente y generoso a un lumbreras cargado de títulos cobarde y egoísta.

A veces pretendemos que nuestros hijos sean perfectos. Que sepan muchos idiomas y que hagan muchas actividades. Pero nada de eso es verdaderamente importante si son unos cretinos.

Los valores que podamos transmitirles son con diferencia lo más importante. Además, la teoría suele servir más bien poco. Ellos, sobre todo, aprenden de nuestro ejemplo.

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