Suscríbete

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Matías Vallés

Al Azar

Matías Vallés

El año del Auditorium

Pueden ustedes derribar la Universitat entera sin que la cultura mallorquina sufra el quebranto suficiente para una mención en portada. La demolición de los departamentos culturales de las instituciones no solo sería indiferente, sino que mejoraría la situación de la isla en los escalafones vinculados a la inteligencia. (Iba a añadir la Catedral a este zafarrancho iconoclasta, pero nos mantendremos dentro de los límites de lo eclesiásticamente correcto). En cambio, Mallorca sería mucho más ignorante sin los cincuenta años de Auditorium.

El templo de los Ferragut es la auténtica facultad mallorquina de Filosofía y sobre todo de Letras. Desde su entablado impartieron clases magistrales Dario Fo, Vittorio Gassman, Trintignant, Jeanne Moreau o el Magic Circus. Sin olvidar el montaje más escandaloso de la España contemporánea, La torna de Els Joglars. Con mención especial para las conferencias de Serrat, Aute y Llach, o de Van Morrison y Leonard Cohen.

En la oscuridad de su Festival de Jazz semivacío aprendí a escribir mal, pero el Auditorium no tiene la culpa de sus malos alumnos. En un camerino le pregunté a Carme Conesa si podía tocar su muslo, para comprobar que era auténtico. En otro camerino, Pepe Rubianes me pedía datos sobre Matas minutos antes de salir a escena, para introducir morcillas en su espectáculo. El cómico no traducía el menor nerviosismo, fantaseaba con la posición laboral más descansada del planeta, amante de ministra. Si me dieran a elegir entre Mallorca y el Auditorium, tendría un problema. Ahora bien, si usted consulta a los infaustos gestores culturales, le propondrán ideas geniales para mejorar el funcionamiento del único pedazo virgen del Paseo Marítimo. De haberlas aplicado, el gentil acorazado hubiera desaparecido para transformarse en un hotel con minipalacio de congresos adosado. El Auditorium no parece mallorquín.

Compartir el artículo

stats