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360 grados

Talante

Desconozco el programa del nuevo partido de Íñigo Errejón; no sé, aunque puedo intuir en qué se diferencia fundamentalmente del de Pablo Iglesias, pero aprecio sobre todo en él un nuevo talante.

Un mayor sentido de la realidad, que es, ya lo sabemos, siempre tozuda, una propensión al diálogo para desatascar situaciones sin aparente salida. Y eso ya es mucho en un país en el que se grita más que se escucha.

Debe de ser algo generacional. Sin temor a generalizar, he observado en nuestros jóvenes algo que echo muchas veces de menos en tantos mayores: una capacidad superior de diálogo, una mayor empatía.

Hubo un momento, con la irrupción de Ciudadanos, del primer Albert Rivera, en que muchos pensaron que se había producido por fin un cambio para bien en la derecha, hasta entonces carpetovetónica, de este país.

Pareció que por fin iba a tener España una derecha liberal y dialogante, esa derecha europea que tanto habíamos echado de menos y no de siempre: clerical y corrupta.

Pero no tardaron en aflorar también en el nuevo partido algunos de los vicios de siempre: la incapacidad para admitir cualquier error, la intolerancia de toda opinión que no fuera la del jefe.

Y el tema de Cataluña, acaso principal razón de ser del surgimiento de ese partido, terminó contaminándolo todo hasta el punto de que llegó un momento en que ya no podían distinguirse sus posiciones en ese tema de las de la ultraderecha de Vox.

Mientras tanto intentó el PP, bajo su nuevo líder, Pablo Casado, unir a toda la derecha para la reconquista del poder sin mostrar el mínimo arrepentimiento por sus casos de corrupción y sin que Ciudadanos le pidiera tampoco rendir cuentas como había prometido en campaña.

Los ciudadanos, sin embargo, habían visto las orejas al lobo de Vox en Andalucía y, llamados una vez más a las urnas, demostraron con su voto que estaban además hartos de promesas incumplidas en materia de pensiones, de precariedad laboral, de alquileres asequibles.

Dieron, esto es, una nueva oportunidad al PSOE de Pedro Sánchez y Unidas Podemos para que, con el apoyo de los nacionalistas moderados, formaran el gobierno de coalición progresista que reclamaba la mayoría del país.

Oportunidad que, para desesperación de sus votantes, los líderes de esos dos partidos volvieron a desaprovechar por el miedo de uno a las presiones de poderes nada democráticos y al acoso de toda la derecha por el desafío catalán y por la inflexibilidad y falta de sentido de la realidad del otro.

Sostiene Errejón que quiere con su partido posibilitar un diálogo más fluido entre toda la izquierda que permita a ésta por fin gobernar. Dice que viene a sumar y no a dividir. Y por eso se presentará sólo allí donde no reste. Está por ver.

Ignoramos de momento casi todo del programa de Más País, al que por cierto ya está atacando nuestra derecha de las banderas al viento por omitir el nombre de España - ese vicio inveterado de la izquierda-, pero agradezcamos al menos lo que parece un nuevo talante, algo que tanta falta hace en política.

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