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Matías Vallés

Al Azar

Matías Vallés

El heroísmo de los conductores

Si Tom Wolfe no hubiera muerto sin herederos, hoy se escribiría la adaptación de su odisea espacial a los nuevos astronautas, los conductores de coches que se atreven a sumergirse en las tripas del tráfico rodado mallorquín. También ellos tienen lo que hay que tener. Para usted, los nómadas de la Vía de Cintura son agentes contaminantes, condenados a morir en las emisiones carbonatadas, sulfatadas y nitrogenadas de sus máquinas mortíferas. Para mí son los seres más valientes de la Creación, partisanos en la resistencia contra el bizismo salido de sus carriles.

Procede dedicarles como mínimo esta elegía, que debería ser égloga. Un día subieron al coche para contemplar un paisaje idílico, en estos tiempos tenebrosos se ven condenados al colapso. Las víctimas de la Vía de Cintura y de las autopistas mallorquinas son también sus héroes. En el mapa viario de Mallorca, se reduce a cuento de niños La carretera hambrienta de Ben Okri, la novela donde el asfalto se traga a la gente para alimentar su estómago.

Los conductores se oponen a su extinción. Se resisten al estabulamiento del servicio público, no se degradan a la bicicleta que pretende limpiar las carreteras para facilitar el tránsito intestinal a los opulentos con sus Mercedes. El atasco es el último refugio de la democracia, una fórmula combativa de enfrentarse a la desigualdad social rampante. Rodeados de utilitarios por todas partes, obligados a marchar al ralentí con su motores a reacción, los privilegiados efectúan una concesión mínima a la masa. Se ven engullidos por la plebe. Es su único momento de pánico, antes de desembarcar en sus reservados de restaurantes o mansiones. Bajo el disfraz de un combate ecológico, la autoridad desea expulsar al conductor de la Vía de Cintura, para que el tráfico rodado no interrumpa a los traficantes inmobiliarios. Has pagado esta carretera, y te asiste el derecho a compartir tu suplicio en ella.

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