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L'amo en Thomás Cuc

Aixó era i no era, bon viatje faci la cadernera€

Hace de ello ya muchos años, eran tiempos en los que en invierno nevaba y en verano los jilgueros cantaban alegres saltando de espiga en espiga, presumiendo de sus plumas con sus vistosos colores. Eran tiempos en los que las golondrinas llegaban puntuales y los tordos también.

Idó un any d’aquells, a ses fires de sa tardor dels pobles de Mallorca només hi havia cares llargues. El motivo era que la empresa de productos agro alimentarios y de suministros cárnicos y embutidos conocida con el nombre de CUC S.L. había presentado suspensión de pagos. Y l’amo en Thomás Cuc, el propietario, había desaparecido.

L’amo en Thomás Cuc había hecho fortuna, empezando casi de cero, en realidad había heredado de sus padres sólo un negocio familiar basado en la compraventa de gallinas y de huevos, el cual amplió paso a paso comprando otros animales a los payeses. Principalmente lechonas, corderos y terneras para llevarlos al matadero y la carne la vendía con pingues ganancias a hospitales, hostales, casas de comidas, cuarteles y fins i tot a ses monjas tancades. Con el tiempo extendió su negocio a Catalunya comprando una empresa cárnica de Lleida. Meses mas tarde pasó a Valencia, a Murcia y hasta llegar a instalarse en Madrid. Adquirió un barco de mercancías de segunda mano y alquiló otro más pequeño y cuatro camiones Pegaso para poder transportar su género y no depender de otros. Iba creciendo, viento en popa.

L’amo en Thomás Cuc era un personaje respetado y a su vez temido, muchos dependían de él. Sin embargo se sabía que tenía ciertas debilidades, era ostentoso con su Seat 1400 negro, con su Longines de oro, con su sombrero Panamá, su cigarro habano y siempre bien acompañado por un circulo de aduladores y de aduladoras. Le gustaba jugar a las cartas participando en partidas de truc y de póker en locales clandestinos y era vox populi que allí perdía generalmente mucho dinero. L’amo en Thomás Cuc tenia un modo de proceder que era para él muy efectivo y por ende lucrativo: no pagava al comprar i venía el gènere al contat.

Ellos, los payeses de la isla, algunos inquilinos de grandes latifundios y otros propietarios de pequeñas fincas, le vendían tradicionalmente sus productos cobrando a finales de verano, -después de la recogida de la almendra-, a los precios convenidos durante el invierno anterior y a veces renegociados a la baja durante los meses de estío. También solían recibir préstamos o prepagos condicionados a vender en exclusiva sólo a l’amo en Thomas Cuc. Idó bé, aquets pagesos que se trobaven a ses fires de tardor se contaven ses consequencies que sa fallida de CUC SL tendría per ells. L’amo en Miquel de Son Puput decía que “...tenia previst arreglar sa vaqueria, i ja no será posible”. L’amo en Guiem de Son Banya decía “...no podre pagar ni els misatjes ni el pienso que he comprat per el bestiar”. Todos tenían algo en común que era el efecto de esta quiebra para sus economías familiares. Los medianeros explicaron los graves contratiempos a los Senyors de Ciutat, propietarios de las fincas, pero de ayudas nada, sólo buenas palabras. Algunos alcaldes prometieron intervenir para ayudar a los perjudicados.

Per afegit la producción de almendras había disminuido por enfermedades desconocidas, los precios de los albaricoques eran más bajos que nunca debido a la competencia de otros países del norte de Africa. El precio y la calidad del vino no podía competir con la Rioja y La Mancha. Las vaquerías eran ruinosas pues el precio de la leche no cubría los gastos de explotación al tener que competir con las grandes del País Vasco y Asturias. En los pueblos grandes quedaba sólo la industria del mueble y de las perlas en Manacor y la del calzado en Inca, Llucmajor y Lloseta. En Mallorca se dependía mucho de la agricultura y ganadería. Los mallorquines empezaron a darse cuenta que había que buscar otro camino, otros medios de hacer negocio y muchos pidieron préstamos o vendieron tierras, fincas y terrenos cerca del mar, cerca de la playas para que la industria turística creciera de la noche a la mañana, sin planificación, casi sin infraestructuras pero ofreciendo a los visitantes lo más valioso, la belleza natural de la isla.

Este período es todo un ciclo de vida. Durante el mismo hemos tenido un cambio de personalidad de cultura, de costumbres, de gentes. Un aumento de población antes inimaginable. Un consumo brutal de terrenos, de agua, de energía sin pensar en las consecuencias futuras, más bien a corto plazo, aquí, ahora. Lógicamente también se ha mejorado y mucho el bienestar social, la medicina, la logística la cultura, la comunicación. Es sin embargo ahora, al haber quebrado el TO mas antiguo del mundo y el segundo en importancia para las Baleares, un buen momento para recapacitar, para que los gobernantes diseñen el futuro con los marcos adecuados del crecimiento industrial y turístico, que nunca debería de ser en cantidad sino en calidad y pensando en la herencia que vamos a entregar a nuestros descendientes. Difícil papeleta. Que Dios nos inspire para hacerlo lo mejor posible. Amén.

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