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Matías Vallés

Al Azar

Matías Vallés

Veinticinco años en este rincón

Se cumplen 25 años de mi confinamiento en este rincón del diario. No me he ausentado desde entonces ni una semana...

Se cumplen 25 años de mi confinamiento en este rincón del diario. No me he ausentado desde entonces ni una semana, la maldad es vigorizante, por lo que Al azar es una de las secciones más duraderas y por tanto nocivas. He cometido aquí cuatro mil piezas, bastantes para llenar más de diez volúmenes insalubres. Si la lectura de un manojo de estos artículos ya cursa con indeseables efectos secundarios, imaginen las secuelas en quien ha tenido que escribirlos todos. En cuanto a su impagable valor social, nadie diría que la situación de la isla en aquel 1992 fuera peor que la actual, por lo que algo habremos contribuido a la devastación ambiental pese a nuestras benéficas intenciones.

Escribir en diarios es fácil. El escritor pretende simular inteligencia, el periodista solo aspira a disimular su ignorancia. Veinticinco años dan tiempo para pontificar sobre casi todas las cosas que desconoces. En cuanto a la ubicación, esta sección venía predestinada a las pomposas páginas de opinión, que por aquel entonces todavía conservaban sus ribetes aristocráticos. Las rechacé porque los apellidados en V siempre nos sentamos alfabéticamente en la última fila. Me seducía la suerte del desterrado o traspapelado, el punto abismal en que no hay más periódico, el magnetismo de los desvanes donde ninguna locura es inapropiada. Pronto las parcelas de la contra se cotizaron en oro, mi única inversión inmobiliaria de éxito.

La columna es una dramatización que obliga a un plus de exactitud. Nadie es como sus artículos, pero tampoco es preciso desvelarlo. Gracias a estas cuatro mil entregas, descubrí a una mujer llamada Mallorca. La convertí en mi religión, porque hace 25 años ya era una Ava Gardner otoñal que me rechazó como amante. Ahora que nos han arrancado la isla de las manos, podemos hablar en propiedad de una sección enviudada. No hubiera preferido no escribir estos millones de palabras. Me arrinconé huyendo de los demás, y te encontré. Gracias por asomarte de vez en cuando, en especial si no nos conoceremos.

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